Macbeth, de William Shakespeare, sin duda deber ser un manual para cualquier político debido a que la ambición, el poder y los falsos espaldarazos disfrazados de intereses mutuos- que en realidad son particulares- pueden convertirnos en juguetes del destino, porque como bien dijo Roosevelt: “en política nada ocurre por casualidad”. En esta obra dramatúrgica clásica se nos presenta a Macbeth, un noble escocés a quien le es anunciado por tres brujas que será Rey de Escocia y a su amigo Banquo que no será monarca, pero sí padre de un largo linaje de reyes. Así inicia esta historia en donde el hado te dice que vas por la grande, pero no como será y con qué fin. En ese contexto, las brujas que representan a las Moiras griegas (pasado, presente y futuro), en realidad no mintieron al decir que Macbeth sería rey, pero omitieron que, confiadas en los bajos instintos naturales del protagonista y su esposa, adelantarían otro destino más grande que trata de Escocia. Así que presuroso y...