El sistema inmunitario biológico es más generoso de lo que
hasta el momento se pensaba, pues no conoce ninguna xenofobia; por tanto, es
más inteligente que la sociedad humana, que implica xenofobia. Esta corresponde
a una reacción inmunitaria patológicamente exagerada, que es nociva incluso
para el desarrollo de lo propio: Polly Matzinger
La sociedad del siglo XXI ya no es disciplinaria, sino una
sociedad de rendimiento. Tampoco sus habitantes se llaman ya «sujetos de
obediencia», sino «sujetos de rendimiento». Estos sujetos son emprendedores de
sí mismos.
El animal laborans tar- domoderno no renuncia de ningún modo
a su individualidad ni a su ego para consumarse trabajando en el proceso vital
anónimo de la especie.
La vileza y la infamia consisten en la «incapacidad de
oponer resistencia a un impulso», de oponerle un No.
La sociedad de rendimiento, como sociedad activa, está
convirtiéndose paulatinamente en una sociedad de dopaje.
El exceso del aumento de rendimiento provoca el infarto del
alma.
El cansancio era mi amigo. Yo volvía a estar ahí, en el
mundo.
El cansancio profundo afloja la atadura de la identidad. Las
cosas brillan, relucen y vibran en sus cantos. Se vuelven más imprecisas, más
permeables y acaso pierden algo en determinación.
El cansancio del agotamiento es un cansancio de la potencia
positiva. Incapacita para hacer algo. El cansancio que inspira es un cansancio
de la potencia negativa.
Aquella «comunidad de Pentecostés» que inspira el «no-hacer»
se opone a la sociedad activa. Handke se la imagina «cansada sin excepción».
Consiste en una sociedad de los can- sados en sentido especial. Si «la
comunidad de Pentecostés» fuera sinónimo de la sociedad fu- tura, entonces la
sociedad venidera podría de- nominarse sociedad del cansancio.
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