Una mujer debe tener dinero y una
habitación propia para poder escribir novelas.
Es curioso cómo una pizca de
poesía obra en la mente y hace mover las piernas a su ritmo por la calle.
La obra de imaginación debe
atenerse a los hechos y cuanto más ciertos los hechos, mejor la obra de
imaginación.
La belleza del mundo que tan
pronto perecerá tiene dos filos, uno de risa, otro de angustia, partiendo el
corazón en dos.
Las grandes masas de gente nunca
son responsables de lo que hacen. Las mueven instintos que no están bajo su
control.
No se sabe lo que ocurrirá cuando
el ser mujer ya no sea una ocupación protegida.
La obra de imaginación es como
una tela de araña: está atada a la realidad, leve, muy levemente quizá, pero
está atada a ella por las cuatro puntas.
La mujer es un recipiente donde
fluyen y relampaguean perpetuamente toda clase de espíritus y fuerzas.
Genios como el de Shakespeare no
florecen entre los trabajadores, los incultos, los sirvientes.
Escribir una obra genial es casi
una proeza de una prodigiosa dificultad. Todo está en contra de la probabilidad
de que salga entera e intacta de la mente del escritor. Las circunstancias
materiales suelen estar en contra. Los perros ladran; la gente interrumpe; hay
que ganar dinero; la salud falla. La notoria indiferencia del mundo acentúa
además estas dificultades y las hace más pesadas aún de soportar. El mundo no
le pide a la gente que escriba poemas, novelas, ni libros de Historia; no los
necesita.
El dinero dignifica lo que es
frívolo si no está pagado.
Las obras maestras no son
realizaciones individuales y solitarias; son el resultado de muchos años de
pensamiento común, de modo que a través de la voz individual habla la
experiencia de la masa.
Es vano decir que los humanos
deberían estar satisfechos con la quietud: necesitan acción; y si no la
encuentran, la fabrican.
Sería una lástima terrible que
las mujeres escribieran como los hombres, o vivieran como los hombres, o se
parecieran físicamente a los hombres, porque dos sexos son ya pocos, dada la
vastedad y variedad del mundo.
La emoción que a un hombre le
parece tan profunda, tan sutil, tan simbólica, a una mujer la deja perpleja.
Cuando un libro carece de poder
sugestivo, por duro que golpee la superficie de la mente, no puede penetrar en
ella.
Dos cabezas en un cuerpo no
garantizan una larga vida.
Hay que tener quinientas libras al año y una habitación con un pestillo en la puerta para poder escribir novelas o poemas.
La libertad intelectual depende
de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las
mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el
principio de los tiempos.
La libertad intelectual depende
de cosas materiales. La poesía depende de la libertad intelectual. Y las
mujeres siempre han sido pobres, no sólo durante doscientos años, sino desde el
principio de los tiempos.
Los grandes poetas no mueren; son
presencias continuas; sólo necesitan la oportunidad de andar entre nosotros
hechos carne.
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