Recolección Francisco Félix
Publicado en El Heraldo de Chiapas el 11/09/2015
Publicado en El Heraldo de Chiapas el 11/09/2015
Aunque ni el diablo sabe qué es
lo que ha de recordar la gente, ni por qué. En realidad, siempre he pensado que
no hay memoria colectiva, lo que quizá sea una forma de defensa de la especie
humana. La frase "todo tiempo pasado fue mejor" no indica que antes
sucedieran menos cosas malas, sino que —felizmente— la gente las echa en el
olvido.
Que el mundo es horrible, es una
verdad que no necesita demostración.
Uno se cree a veces un
superhombre, hasta que advierte que también es mezquino, sucio y pérfido.
Es fácil ser modesto cuando se es
célebre.
Con los años se llega a saber que
la muerte no sólo es soportable sino hasta reconfortante.
Existió una persona que podría
entenderme. Pero fue, precisamente, la persona que maté.
A veces creo que nada tiene
sentido. En un planeta minúsculo, que corre hacia la nada desde millones de
años, nacemos en medio de dolores, crecemos, luchamos, nos enfermamos,
sufrimos, hacemos sufrir, gritamos, morimos, mueren y otros están naciendo para
volver a empezar la comedia inútil.
¿Hasta qué punto
se puede decir que la mirada de
un ser humano es algo físico?
Me sentí una
especie de monstruo, viendo sonreír al
ciego, que me miraba con los ojos bien
abiertos.
Cualquiera sabe que
no se resuelve el problema de un
mendigo (de un mendigo auténtico) con un
peso o un pedazo de pan: solamente
se resuelve el problema psicológico del
señor que compra así, por casi nada,
su tranquilidad espiritual y su título
de generoso.
Vivir consiste en
construir futuros recuerdos.
Generalmente, esa
sensación de estar solo en el mundo
aparece mezclada a un orgulloso sentimiento
de superioridad: desprecio a los hombres,
los veo sucios, feos, incapaces, ávidos,
groseros, mezquinos; mi soledad no me
asusta, es casi olímpica.
El suicidio seduce
por su facilidad de aniquilación.
Un rey es
siempre un rey, aunque vasallos infieles y
pérfidos lo hayan momentáneamente traicionado y
enlodado.
La felicidad está
rodeada de dolor.
Las cartas de
importancia hay que retenerlas por lo
menos un día hasta que se vean claramente
todas las posibles consecuencias.
Sólo existió un
ser que entendía mi pintura. Mientras
tanto, estos cuadros deben de confirmarlos
cada vez más en su estúpido punto de
vista. Y los muros de este infierno
serán, así, cada día más herméticos.
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