Recolección: Francisco Félix
@fcofelixd
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A los veintidós años, en primavera, Sumire se enamoró por primera vez.
Fue un amor violento como un tornado que barre en línea recta una vasta
llanura. Un amor que lo derribó todo a su paso, que lo succionó todo hacia el
cielo en su torbellino, que lo descuartizó todo en un arranque de locura, que
lo machacó todo por completo.
Si de la imperfecta vida humana desaparecieran todas las cosas
inútiles, la vida dejaría de ser, incluso, imperfecta.
Sumire me citó el párrafo. «El hombre, al menos una vez en la vida,
debe perderse en un erial y experimentar una soledad absoluta, sana, un poco
aburrida incluso. Y así descubrirá que depende completamente de sí mismo y
conocerá sus capacidades potenciales.
Quien crece despacio crece bien.
No es que me enorgullezca de ello, pero no siento ningún deseo sexual.
Y un escritor sin deseo sexual, ¿qué experiencias puede tener? i Si es como un
cocinero sin apetito!
Que, en este mundo, lo que ven nuestros ojos no tiene por qué ser
verdad.
Ser bueno o malo, ser hábil o torpe: en realidad, no importa. Lo único
importante es prestar atención. Estoy convencida. Serenarse y aguzar el oído.
Una razón o una lógica que lo explique todo de manera demasiado simple
siempre será una trampa.
Lo que puede explicarse en un solo libro, mejor no explicarlo.
La mayoría de las personas de este mundo se encuadran así mismas dentro
de una ficción.
Lo más útil es lo que hemos aprendido con nuestro propio cuerpo, o
gastando nuestro dinero. Y no los conocimientos adquiridos en los libros.
Si no se pudiera hablar respecto a lo que atañe a los demás, el mundo
sería un lugar deprimente y peligroso.
La mayoría de personas de este mundo se encuadran a sí mismas dentro de
una ficción.
El vino es como un caballo purasangre. Hay que conocer el linaje y toda
la información nueva.
Cuando te disparan, sangras.
Lo que importa no son las grandes ideas de los otros sino las pequeñas
cosas que se te ocurren a ti.
En la vida de las personas hay una cosa especial que sólo puede tenerse
en una época especial. Es como una pequeña llama. Las personas precavidas y con
suerte la preservan con todo cuidado, la hacen crecer, la llevan como una
antorcha que ilumine sus vidas. Pero, una vez se pierde, esa llama no puede
volver a recuperarse jamás.
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