Recolección: Francisco Félix
@fcofelixd
¿El deseo de una mujer no encierra peligro, ni atrae consecuencias?
Depilada estoy más desnuda.
@fcofelixd
Ella no deseaba morir, pero si el suplicio era el precio que tenía que
pagar para que su amante siguiera amándola, no pedía más que él estuviera
contento de que ella lo hubiera sufrido y, sumisa y callada, esperaba que la
condujeran a él.
Nadie puede dar lo que no le pertenece.
Su promesa la ataba tanto como las pulseras de cuero y las cadenas.
O se odiaba a sí misma por aquel deseo y odiaba a Sir Stephen por su
forma de dominarse. Ella quería que él la amará, ésta es la verdad: que
estuviera impaciente por tocar sus labios y penetrar en su cuerpo, que la
maltratara incluso, pero que, en su presencia, no fuera capaz de conservar
calma ni dominar el deseo.
Estaba contenta de contar para él lo suficiente como para que él se
complaciera en ultrajarla, al igual que los creyentes dan gracias a Dios cuando
los doblega.
Tú confundes el amor con la obediencia. A mí me obedecerás sin amarme y
sin que yo te ame.
Iba a tardar tanto en reducirla que al fin acabaría por enamorarse de
su obra.
Quién se apiada del que espera? Se le reconoce fácilmente: por su
mansedumbre, por su mirada atenta, pero, con una atención falsa, atentos a otra
cosa que lo que están mirando: a la ausencia.
Aquellos que aman a Dios y a los que Dios abandona en la oscuridad son
culpables porque han sido abandonados. Buscan sus faltas en su memoria.
O se alegraba de que René la hiciera azotar y la prostituyera porque su
apasionada sumisión daba a su amante la prueba de su entrega.
Porque él quería a O, pero era libre porque estaba seguro de ella y
podía sentirse ligero, ligero.
¿El deseo de una mujer no encierra peligro, ni atrae consecuencias?
Depilada estoy más desnuda.
Qué era René al lado de Sir Stephen? Cuerda de heno, amarra de paja,
cadenas de corcho, éstos eran los símbolos de los lazos con que había querido
sujetarla él, para desecharla tan pronto. Pero !qué seguridad, qué delicia la
anilla de hierro que taladraba la carne y para siempre, la marca que nunca se
borrará, la mano de un amo que te tiende un lecho de roca, el amor de un dueño
que sabe apoderarse sin piedad de aquello que ama! Y O se decía que , a fin de
cuentas, no había amado a René sino para aprender lo que era el amor y saber
darse mejor, esclavizada y colmada a Sir Stephen.
Únicamente las efigies de las diosas salvajes tienen alta y visible la
ranura del vientre, entre cuyos labios aparecía la arista de labios más finos.
También lee:
HISTORIA DE O, FILOSOFÍA DEL AMOR / Francisco Félix
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