Publicado en El Heraldo de Chiapas / www.aquinoticias.mx /
www.entiemporealmx.com (09/10/2015)
La persona que desea abandonar el lugar en donde vive, no es feliz.
El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien (este
deseo se produce en relación con cantidad innumerable de mujeres), sino en el
deseo de dormir junto a alguien (este deseo se produce en relación con
una única mujer).
Si el amor debe ser inolvidable, las casualidades deben volar hacia el
desde el primer momento.
Las preguntas verdaderamente serías son aquellas que pueden ser
formuladas hasta por un niño.
La coquetería es una promesa de coito sin garantía.
Así es el momento en que nace el amor: la mujer no puede resistirse a
la voz que llama a su alma asustada; el hombre no puede resistirse a la mujer cuya
alma es sensible a su voz.
Los amores son como los imperios: cuando desaparece la idea sobre la
cual han sido construidos, perecen ellos también.
El rió fluye de una edad a otra y las historias de la gente
transcurren en la orilla.
Parece como si existiera en el cerebro una región totalmente
específica, que podría denominarse memoria poética y que registrara aquello que
nos ha conmovido, encantado, que ha hecho hermosa nuestra vida.
El amor empieza en el momento en que una mujer inscribe su primera palabra
en nuestra memoria poética.
Una novela no es una confesión del autor, sino una investigación sobre
lo que es la vida humana dentro de la trampa en que se ha convertido el mundo.
La vida humana acontece sólo una vez y por eso nunca podremos averiguar
cuáles de nuestras decisiones fueron correctas y cuáles fueron incorrectas. En
la situación dada sólo hemos podido decidir una vez y no nos ha sido dada una
segunda, una tercera, una cuarta vida para comparar las distintas decisiones.
Si la excitación es el mecanismo mediante el cual se divierte nuestro
Creador, el amor es, por el contrario, lo que nos pertenece sólo a nosotros y
con lo que escapamos al Creador. El amor es nuestra libertad.
Amarrar el amor al sexo ha sido una de las ocurrencias más
extravagantes del Creador.
La nostalgia del Paraíso es el deseo del hombre de no ser hombre.
Es posible que no seamos capaces de amar precisamente porque deseamos
ser amados, porque queremos que el otro nos dé algo (amor), en lugar de
aproximarnos a él sin exigencias y querer sólo su mera presencia.
La felicidad es el deseo de repetir.
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