La Esquina Rota: Como agua para chocolate, “los amores cobardes no llegan a amores” / Francisco Félix Durán
Según la Real Academia Española
(RAE), el antónimo de amor es desamor y si se considera amar como verbo, señala
el antónimo como odiar; pero para Silvio Rodríguez en la canción Óleo de una
mujer con sombrero, nos plantea que lo contrario al amor es la cobardía: “La
cobardía es asunto / de los hombres, no de los amantes. / Los amores cobardes
no llegan a amores / o a historias, se quedan allí”.
Al respecto, el mejor ejemplo de
un amor valiente y perseverante, lo encontré leyendo Como agua para chocolate,
de la escritora mexicana Laura Esquivel; quien nos narra la historia de Tita,
una mujer que lloraba desde el vientre e incluso al nacer “fue
literalmente empujada a este mundo por un torrente impresionante de lágrimas
que se desbordaron sobre la mesa y el piso de la cocina”. Quizás porque desde
entonces sabía que en esta vida le estaba negado el matrimonio.
Está novela se desarrolla en
Piedras Negras, Coahuila; en el contexto de la revolución mexicana. Tita vive
con sus dos hermanas, así como con su madre. Al ser la hija menor está
condenada a cuidar de su progenitora hasta la muerte, según la tradición familiar.
Está situación no le afectaba hasta que conoce a Pedro y ambos se enamoran al
verse.
En ese marco, nos encontramos con
una historia en donde la cocina juega un papel central, con recetas en cada
capitulo y en donde los ánimos de Tita al cocinar generan emociones al comer.
Como cuando lloró preparando el fondant para el pastel de bodas de su hermana
Rosaura con Pedro, generando una vomitona colectiva entre los invitados,
acompañada de llanto y melancolía. O como cuando sintiendo deseo por su ahora
cuñado, cocinó codornices en pétalos de rosa, provocando libido en su hermana
Gertrudis, quien fue raptada por un revolucionario al sentir el aroma de su
cuerpo a kilómetros de distancia.
Sí, leyeron bien, al negarle la
mano de Tita, Pedro se casa con su hermana para estar cerca de ella, teniendo
sexo solo para procrear e incluso sus hijos son cuidados por su amada y no por
su esposa. Aunque Tita le llama cobarde por este acto, la verdad es que fue la
única forma segura de mantenerse juntos. Obviamente, nuestra protagonista tuvo
otros pretendientes como el doctor Jonh Brown: un hombre bueno, con profesión,
acomodado y que entendía todo lo que he escrito sobre ella.
Lo mencionado anteriormente, es
solo una introducción a esta gran obra de la literatura mexicana, perteneciente
al realismo mágico. Una novela cocinada con erotismo, sabores, aromas e
historias de la revolución. Así es que no crean les di spoilers, lo mencionado
solo fue la punta del iceberg y lo que pone sabor al caldo.
Finalmente, en esta novela que
mezcla culturas y tradiciones de nuestro país, Estados Unidos y el pueblo
indígena kikapú; lleva por nombre un dicho mexicano: “como agua para
chocolate”, que quiere decir que te hierve la sangre y así vivió Tita,
pero como se lee en la novela “solo las ollas saben los hervores de su
caldo”.
Cabe destacar,
que hay dos adaptaciones sobre este libro, la primera es una película
estrenada en 1992, dirigida por Alfonso Arau y con el guion escrito por Laura
Esquivel; la segunda es una serie estrenada en el 2024, producida por Salma
Hayek. Sobre el filme diré que nunca olvidé la escena del revolucionario
huyendo con Gertrudis a caballo, Sobre la serie, solo diré que no terminé de
ver el primer episodio.
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