Si tuviera que describir Comitán,
lo haría como lo hizo Rosario Castellanos en la novela Balún Canán: “El aire
amanece limpio, recién pronunciado por la boca de Dios”. El título de esta obra
significa “los nueve guardianes” o “nueve estrellas” en lengua tzeltal y es de
lo que escribiré hoy.
Balún Canán nos cuenta la
historia de la familia Argüello y de cómo la Reforma Agraria de Lázaro
Cárdenas, llevó a la ruina a los terratenientes chiapanecos y empoderó a los
grupos indígenas, partiendo desde la educación obligada hasta la redistribución
de tierras.
En ese contexto, dos de las tres
partes de esta novela son narradas por una niña de la familia Argüello -su
nombre nunca es mencionado porque refleja el lugar que las mujeres
representaban en la sociedad de aquel entonces- todo lo contrario al hermano menor
de la pequeña, quien metafóricamente representa el final de la dinastía.
Es así como nuestra protagonista,
con su mirada inocente, nos narra y expone temas sobre racismo, género y clases
sociales; además de poner en evidencia el poder que ejercía la iglesia y las
prácticas esotéricas a las que todos temían, generando una obra de realismo
mágico con tintes biográficos de la autora.
Lo anterior lo podemos leer
cuando patrones e indígenas se llevaban bien, o mejor dicho cuando cada uno
sabía su lugar según los Argüello. Ambas clases tenían preocupaciones
similares, como que el Dzulúm, que significa “ansia de morir”, se llevará a las
mujeres o que El Sombrerón dejará sobre la cabeza de los animales su señal de
mal agüero.
Lo cierto es que todo cambió
cuando uno de los indígenas en Tapachula leyó en lo que llama “el papel que
habla”, que ellos son iguales a los blancos y que el presidente de la República
decretó que el patrón tenía la obligación de darles educación. Situación que
comunicó a sus compañeros e hicieron valer, solicitando la construcción de una
escuela y un maestro para sus niños, iniciando así la debacle de los
latifundios, contado en la segunda parte de este libro por un narrador
omnisciente.
Finalmente, durante toda la obra
podemos ver que la iglesia juega un papel relevante, beneficiando como siempre
a los ricos e imponiéndose a través del miedo con los indígenas, hasta que
estos últimos descubren que “Los blancos tienen así a su Dios, clavado de pies
y manos para impedir que su cólera se desencadene”.
Si me lo preguntan, considero que
esta es una obra obligada de la literatura mexicana. No solo nos muestra parte
de la historia de la reforma agraria al sur de México y su cosmovisión, también
nos enseña un Chiapas que en esencia sigue siendo el mismo, solo que ahora se
presume y explota la imagen de los indígenas, pero ¿en realidad les llegó el
progreso o las autoridades simulan cumplir, igual que los Argüello en Balún
Canán

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