Mientras beben vino, le cuentas
que Afrodita, al ser amante de Dionisio, se encuentra presente y que esa es la
razón de comenzar a ver atractivo al de en frente; pero que la diosa griega
siempre está acompañada por Eros y este pequeño ser alado, en ocasiones cae
dentro de la copa, así que al mojarse sus plumas ya no puede volar, razón por
la que podría surgir el amor de este encuentro que comenzó con el deseo.
“Según el Diccionario de
Autoridades la llama es la parte más sutil del fuego, que se eleva y levanta a
lo alto en figura piramidal. El fuego original y primordial, la sexualidad,
levanta la llama roja del erotismo y ésta, a su vez, sostiene y alza otra llama,
azul y trémula: la del amor”, nos explica Octavio Paz en su libro La llama
doble.
En este ensayo, el único Premio
Nobel de Literatura mexicano hace un estudio histórico y diversamente cultural
sobre lo que es el amor y el deseo, lenguajes del cuerpo humano que se traducen
en poesía, pero no concluyen en los sentidos y pueden ser parte del alma.
En ese sentido, en La llama doble
nos percatamos de que el deseo se trata de instantes e instintos. Nos pueden
llegar a erotizar el tacto, la vista, la voz, el aroma y los sabores, que
producen en nosotros el inicio de un ritual metafórico, pero el erotismo, al
ser poesía, no tiene contemplada la reproducción.
Por otra parte, aunque el amor
inicia con el erotismo (no te enamoras de lo que no te atrae con los sentidos),
este transmuta y aunque los cuerpos cambien o la vida sexualmente activa
concluya, el amor permanece porque “el amor es una atracción hacia una persona
única: a un cuerpo y a un alma. El amor es elección; el erotismo, aceptación”,
escribió Octavio Paz.
Lamentablemente, no todas las
personas pueden disfrutar del erotismo o vivir plenamente el amor, ya que
existe una interdicción fundada en la raza, arraigada en las costumbres y en la
mentalidad popular, limitando las preferencias sexuales de ciertas sociedades.
Así es como podemos concluir que
el erotismo y el amor son la llama doble de la vida. Afortunadamente vivimos en
occidente, en donde el amor es una subversión y no en donde la libre sexualidad
o los instintos están prohibidos, porque como escribió Milán Kundera en La
insoportable levedad del ser: “Amarrar el amor al sexo ha sido una de las
ocurrencias más extravagantes del Creador”.
El amor es una atracción hacia
una persona única: a un cuerpo y a un alma. El amor es elección; el erotismo,
aceptación.
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