Leé mi participación en el libro "Cerca de las ventanas": La tregua del coronel Tek / Francisco Félix Durán
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Hasta pronto, coronel Tek
¿Cuánto durará la lluvia
si la llevas en
tus ojos?
No creo en nuestra
eternidad derrotada,
pero sí en el
viento que te muestra
una vez más
rociando tus queridas flores.
Llueves para regresar.
Hielo
Nadie puede poseer el hielo.
Lo supe aquella
noche que,
como el coronel
Buendía,
quedé fascinado
con su esplendor.
Es imposible
sujetarlo con un cepo a tu cama.
Es inverosímil
guardarlo bajo tu piel
y expulsarlo
antes de romper tus tendones.
Es absurdo
almacenarlo en la nevera.
Por eso la
fascinación de todos
y la depresión
del hielo mismo,
quien posee una
tristeza muda
y desconoce por
completo la mímica.
Solo el hielo
es capaz de conocer
la otra cara de
tus ojos
sin trepanar tu
cabeza
y fluir de
nuevo.
El Gran Caimán
A los ciegos no
les queda más que confiar
en el aroma de
las flores,
en la sombra
del árbol,
y en el sonido
del agua para saber si es posible beberla.
En el lago me
arranqué el manto de los sueños
y dejé mis ojos
expuestos a la realidad.
El Gran Caimán
con aliento de jazmín,
sin turbar el
agua, me hacía sombra con sus fauces.
Amputaciones
en realidad, no
es una locura si lo haces para que nadie
te sostenga de
ellas.
Lo mismo sucede
con la lengua:
una vez cortada
no habrá palabras que la aten.
Lo importante
es saber cortar con precisión.
One Mississippi
Las horas ya
están muertas,
pero el
estertor del segundero
dice que un
minuto podría resucitar.
Entonces guardo
silencio.
Y ante el
espejo cuento:
Uno, dos,
tres...
De pronto todo
se detiene.
Con
incertidumbre rezo y continúo:
Cuatro, cinco,
seis...
Quizás cuando
la vela se apague
seas tú el que
se encienda.
Siete, ocho,
nueve...
Callar las
nubes
En la última pintura que le hicieron,
el coronel Tek
calla el cielo
con el índice
iluminado
sobre una nube
gris.
En su figura
inerte
resalta una
mueca angustiada,
y el frío que
no siento
lo veo en sus
ojos blancos.
No podría
definir el claro de mis ojos
en un solo
trazo, pero me gustaría
derramar su
memoria de un solo zarpazo,
y, así, teñir
el lienzo del único color verdadero.
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