La Esquina Rota: Atrás hay relámpagos / Francisco Félix Durán
La juventud podría resumirse en
ideales, lealtades y malas decisiones. Tal es el caso de Sole y Ana,
protagonistas de la película Atrás hay Relámpagos, del director costarricense
Julio Hernández Cordón, quien nos presenta a dos jóvenes despreocupadas por la
vida y en contra del sistema, con el único interés de juntarse con sus amigos
bikers para recorrer la ciudad.
Hasta este punto podríamos decir
que así fue o es la vida de muchos, pero cuando la abuela de Sole le hereda un
vehículo entre una gran colección que existe en su casa, todo cambia debido a
que su nieta elige el carro que ella alguna vez manejó, pero en el maletero
encuentra el cuerpo sin vida de un migrante centroamericano.
Es así como Ana decide llamar a
la policía, pero Sole la detiene porque si el cuerpo está en el carro de su
abuela implicaría manchar su memoria y le pide ayuda para mover el cadáver a
otro vehículo. Después de esta pequeña operación -supuestamente secreta-
deciden llamar a las autoridades, sin pensar en la repercusión de su acto.
En ese contexto, la policía se
percata de que el cuerpo acaba de ser depositado en el maletero y que un objeto
pesado fue arrastrado, situación que coloca a Sole como sospechosa de alterar
una escena del crimen y ocultar información a la autoridad, ya que, según su
declaración cuando hizo el descubrimiento estaba sola.
Las chicas continúan sus vidas
sin preocuparse del tema legal que enfrenta una de las protagonistas, no miden
los alcances y les inquieta más alguna acrobacia en la bicicleta, romances y su
amistad, en tanto los padres intentan resolver el problema sin involucrarlas.
Me gustó está película por lo que
representa o debería ser la juventud de muchos, los hijos no saben cuando los
padres sufren, pero los padres sí saben cuando los hijos fingen que duermen,
como sea, desde la infancia hasta su juventud el trabajo de los progenitores es
que sean felices.
Finalmente, como escribió Mario
Benedetti en su poema ¿Qué le queda a los jóvenes?: “(…) también les queda no
decir amén / no dejar que les maten el amor / recuperar el habla y la utopía / ser
jóvenes sin prisa y con memoria / situarse en una historia que es la suya / no
convertirse en viejos prematuros”.

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