Ser mujer no es sinónimo de ser madre, la maternidad es una
construcción cultural de género alimentada por estereotipos y muchos de ellos
han sido proyectados en el cine, mostrándonos madres sumisas y abnegadas, que
por sus hijos suelen darlo y tolerarlo todo, incluso renunciar a sus anhelos
profesionales.
Este no es el caso del filme “La hija oscura”, en donde la actriz Maggie Gyllenhaal debuta como directora, realizando la adaptación de la novela de Elena Ferrante del mismo nombre, contándonos la historia de Leda, una profesora que disfruta de unas vacaciones tranquilas en la playa, hasta que conoce a Nina y su pequeña hija.
En ese contexto, la protagonista comienza a sentir interés
en la madre, quien le despierta memorias de su propia maternidad al ver los
desafíos que enfrenta, como la pérdida de libertad, intimidad y tranquilidad
emocional, con recuerdos revelados a través de flashbacks que nos muestran su
pasado, casada y con dos hijas.
Es así como Leda menciona una frase que define la película:
“soy una madre antinatural”, la razón es porque ella decide liberarse de las
ataduras de la maternidad para dedicarse de lleno a su carrera literaria,
deshaciéndose de sus hijas y un esposo que no la apoyaba, al representar un
estorbo para su libertad creativa y profesional.
¿Por qué decía que era ‘una madre antinatural’? En una
sociedad patriarcal, el instinto maternal está ligado a la naturaleza, como si
una mujer naciera para ser madre y estuviera obligada a ser feliz con ello, por
eso este filme es tan revelador, ya que se atreve a decir lo que muchos piensan
y callan por tabú.
Amarse a uno mismo igual o más que a los hijos no es
egoísta, tampoco lo es expresar los desgastes físicos y psicológicos que
implican su gestación, nacimiento y crianza, además de que la maternidad es una
decisión muy personal. Como bien escribió Rosario Castellanos: «Consentí. Y por
la herida en que partió, por esa / hemorragia de su desprendimiento / se fue
también lo último que tuve / de soledad».
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