“Animal” es una película del
director argentino Armando Bo, en donde explora los instintos más bajos de la
supervivencia humana a través de Antonio Decoud (Guillermo Francella),
protagonista de esta historia que en un inicio posee el trabajo, familia y casa
perfectas, cosas por las que muchos individuos laboran y se esfuerzan toda su
vida.
El idilio con la vida,
concluye cuando necesita un trasplante de riñón y el sistema de salud público
no tiene para cuándo dárselo. Entonces convence a su hijo para ser su donador,
pero este sale huyendo justo al llegar al hospital. No le queda más que
comprarlo en la web y es ahí donde comienza el derrumbe de todo lo que edificó.
Al hacer su oferta en línea,
conoce a una pareja de marginales que le ofrecen el riñón a cambio de una casa,
él es un tipo alérgico al trabajo y ella está embarazada. Decoud accede e
inicia los trámites para el intercambio, pero el donante ahora quiere la casa
en donde vive con su familia y desea las mismas comodidades, además del acoso
constante a cada uno de sus integrantes.
Es en este punto donde el
protagonista tiene que decidir si arriesgarlo todo para salvar su vida -en una
cirugía en donde podría fallecer- o esperar su turno en la larga lista de personas
que necesitan un trasplante de órganos, garantizando así la seguridad y el
bienestar de su familia para cuando ya no esté.
Es así como en el ideal de las
familias latinoamericanas, el protagonista de esta historia podría resultar una
persona egoísta, por pensar en sí mismo y querer vivir, aunque tenga que volver
a reconstruir todo lo que ya edificó, porque en el imaginario latino los padres
deben sacrificarse por sus hijos como una ley no escrita, sino innata.
La próxima vez que vean a
adultos mayores abandonados, mientras sus hijos disfrutan de las cosas que sus
padres construyeron en su juventud, recuerden al protagonista de “Animal”, que
pretende vivir por instintito y por amor propio.
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