El cinco de febrero del 2021 a las 13:30 horas, recibí una
llamada de mi esposa que se cortó al instante, «falleció tu amigo Ksheratto»,
alcancé a escuchar. Al llegar a casa y cargar el celular, descubrí que en
Facebook todos se le lamentaban. Fue inevitable recordar su cumpleaños en el
año 2015, cuando firmamos aquel pacto intangible de amistad.
En enero de ese año, “El Chato” celebró su cumpleaños
rodeado de jóvenes como era su costumbre, así como de sus inseparables René
Delios y Enrique Alfaro. Al calor de las copas lo observé, era bajito, delgado,
calvo, con bigote y barba. «Eres el maestro Rochi», le solté de la nada. Me
preguntó quién era ese tal maestro y le mostré una imagen, carcajeó y fue a
buscar unos lentes oscuros. Nadie pudo negar el parecido y el apodo me lo
regresó al triple.
Desde entonces siempre nos llevamos pesado, entendiendo que
los amigos siempre se dicen la verdad y hay confianza para burlarse de los
defectos o hechos. El día que una amistad te saluda usando las reglas de
cortesía o antes de pedir un favor pregunta cómo estas, sabes que algo cambió.
Con el Chato siempre hubo una broma antes de cualquier
situación, buena o mala la risa nunca faltó. La última vez que hablamos me
pidió recomendaciones de editoriales para reimprimir su libro, él me llamó
“Poeta Loco” y yo le pregunté si había pedido permiso para salir del panteón.
Descansa en paz Chatito.
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