
Inmediatamente se puso a revisar los periódicos, consultándome cómo habíamos salido y me comentó de eventos que habría, recomendándome que estuviera pendiente. Comenzó a tomar notas en trozos de papel que guardaba en su ropa, al igual que recortes de periódicos. Concluyó con una llamada a México, haciendo un reporte. Adiós “Tincho”, escuché que le gritaron al marcharse.
Con el tiempo, comencé a llamarle don Agus y descubrí sus tics nerviosos, como lamerse la mano y acomodarse el poco cabello que le quedaba, para limpiarse la nariz posteriormente, en tanto hacía un pío como el de las ardillas. También admiré su memoria prodigiosa y cómo es que se enteraba de todo, no había dato histórico o acontecimiento reciente que no supiera: era una computadora humana.
Agustín Duvalier Haro, hijo del poeta Armando Duvalier, falleció el cuatro de febrero del 2021. Se marchó solo, alguna vez me contó que no tenía intenciones de tener esposa o hijos. Don Agus, fue un reconocido y querido periodista, que se convirtió en todo un personaje de la capital chiapaneca. Lo que narró al conocerlo, lo repitió durante los años que laboré en el Ayuntamiento, aunque jamás supe a quién llamaba a México.
La lección más importante que me dio fue sobre política: que se desarrolla sobre una línea y al igual que la suerte, cambia cada seis años, por lo que siempre hay que respetar las formas. La última vez que lo vi, no me reconoció, pero hablaba con algunos compañeros sobre sucesos ocurridos hace tiempo. Me quedó claro que podía olvidar un rostro, pero jamás un dato histórico.
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