Cróninornas: NUNCA FUI BANKSY / Francisco Félix Durán



Banksy hizo de nuevo eco en el mundo al destruir una de sus obras justo al momento de ser vendida en una subasta. Muchos ignoraban su existencia, pero con ese supuesto acto anticapitalista paradójicamente se popularizó más. La obra en cuestión duplicó su costo y volvió a poner el grafiti en boca de los jóvenes, iniciando de nuevo el debate sobre si es arte o vandalismo.

A inicios del nuevo milenio, el movimiento del grafiti era muy popular y en Tuxtla todas las paredes eran “taggeadas”. Por ello los ciudadanos optaron por dos medidas: La primera, era autorizar a un grupo de grafiteros a hacer una obra que al dueño de la casa le agradara, firmando previamente un tipo de permiso para no ser levantados por la policía. La segunda, era exigir a las autoridades una mayor vigilancia y castigos más severos a aquellos jóvenes que en su mayoría estudiaban la preparatoria. Todos temían pintar su casa y que se viera dañada. Por ello esta Cróninorna, trata sobre mi breve y estrepitosa caída en el mundo del grafiti.

En Chiapas, el grafiti vino acompañado del reggae y el ska a inicios del año 2000. Lamentablemente a diferencia de los dos géneros musicales mencionados, no se buscaba lograr un cambio social sino ser popular. Esa era la razón por la que muchos preferían pintar las letras de su “crew” y no sus seudónimos, aunque había grafiteros que destacaban por su gran talento como el “Aske” o el “Sekta” y otros porque sus “tags” aparecían por toda la ciudad como el “Are” o el “Soga”. Los dos “crews” más populares en Tuxtla eran la “DC” y la “RCK”. Yo pertenecía a uno llamado “MR”, que en realidad no significaba nada pero sus letras se prestaban para varios estilos.

El punto de reunión más popular era a un costado de la catedral de San Marcos y  era conocido como “El Círculo”, ubicado en el Parque Central de Tuxtla cuando aún tenía vida. Todos se congregaban ahí, algunos para ir a pintar o para irse de fiesta. Los primeros, llevaban en sus mochilas latas y esperaban a que la luna apareciera para rentar un taxi e irse de pinta, iban varios para alertarse unos a otros por si aparecía la policía “echar 18”. Los segundos, en su mayoría iban al departamento del “Guasón”, ubicado en Rinconada del Sol. Este amigo fue la primera persona que conocí con “dreadlocks” y su casa siempre olía a incienso. Cuando nos reuníamos ahí todos se solidarizaban con la causa, si alguien no tenía dinero no importaba porque las caguamas nunca faltaban. Eran tiempos en que vestías “tumbado” o al estilo Cantinflas como decían los papás y “Sol de Medianoche” de Salón Victoria, era un himno por las madrugadas. Al amanecer, el mejor consomé era una sopa “Maruchan” con limón y un chilito habanero remojado para amarrar.

Así fue que cierto sábado decidí ir a pintar sin acompañarme de nadie o mejor dicho de ningún otro que también lo hiciera. La razón era sencilla, como era nuevo no quería se dijera que era “hijito” de alguien como se acostumbraba o pensarán que me estaba “faroleando” algún estilo. Por eso me hice acompañar de la única persona que me apoya en todo lo malo por no decir estúpido pero divertido, Alejandro Vázquez. Con la noche puesta, nos dirigimos a la Calzada Ciudad Deportiva – Artículo 115 (hoy en día Calzada de las Etnias) y nos hallamos con un letrero de transito completamente blanco. Pausamos el paso y observamos alrededor, nada se apreciaba en la oscuridad salvo el susurro del viento. Así que sin más saqué una lata de color rojo, con una “cap” de trazo gordo e hice una “bomba” que abarcó todo el letrero. Todo era risa y diversión, hasta que al mirar atrás vi a cuatro sujetos sin uniforme corriendo hacia nosotros. Le grité a Alejandro que corriera y pensó que era una broma, hasta que me vio huir despavoridamente. Al dudar, fue alcanzado rápidamente y con un drible no solo pudo zafarse sino que hasta darme alcance y rebasarme. Yo corría a toda velocidad con dos sujetos detrás de mí sin saber que eran policías, ambos me gritaban « ¡Párate que te vamos a quebrar HDTPM! » Nadie cuerdo se detendría ante esas amenazas ¿Verdad?

Amenazado y corriendo sobre el camellón a toda la velocidad que mi cuerpo púbero me permitía, con la visión periférica pude ver a mi derecha las luces de un vehículo que se aproximaba y a lo lejos un tope. Con esos dos elementos, pude recrear en mi mente el momento de mi perfecto y espectacular escape. El plan era dirigirme hacía el tope y al instante en que el vehículo descendiera su velocidad para pasarlo, yo me deslizaría sobre su cofre y los dos sujetos que me perseguían quedarían anonadados. De esa manera me verían partir y quizás hasta un aplauso me obsequiarían, en tanto yo celebraría a la distancia.

Sobre mi plan perfecto, sólo puedo decir que sí cumplí con algunas cosas. Sí me dirigí al tope y sí descendió su velocidad el vehículo, pero no fue como esperaba. En cuanto me acerqué, el carro frenó abruptamente y el rechinar de las llantas me asustó. Me quedé estupefacto y al darme alcance quienes me perseguían, me estrellaron contra el cofre del automóvil. Aún recuerdo los ojos blancos de los pasajeros, quienes aceleraron para alcanzar a sus almas.

Una vez detenido me esposaron y quedaron a la espera, dado que la persecución de Alejandro aún no concluía. En ese momento pensé en que sería bueno se diera a la fuga, así podría ayudarme avisando o juntando dinero para pagar la fianza, aunque por otro lado también pensé que sería bueno me acompañase para no estar solito. En tanto meditaba, un “vochito” se detuvo frente a mí y mis captores, del vehículo descendieron tres señores con tubos en mano dispuestos a ayudarme. Dijeron que habían visto todo y exhortaban a liberarme, pero resulta que quienes me atraparon efectivamente sí eran policías. Al identificarse, discutieron un rato sobre si debían soltarme o no por mi corta edad. Incluso uno de ellos dijo que me detendrían solo un momento con la intención de espantarme o en el peor de los casos llamarían a mis padres, pero debían esperar a su comandante. Finalmente el trío del “vochito” se disculpó conmigo por no poder hacer más y siguió su camino.

Esperar es lo de hoy y lo de ayer y lo de mañana. Aquel ayer mientras esperaba, vi cuando los otros dos policías ya traían a Alejandro con ellos. Llegó una patrulla y de la nada el supuesto comandante corrió hacía mí y me golpeó, fueron tres puñetazos y el que más recuerdo fue uno en la boca del estómago que me dejó sin aire. Posteriormente tomó una lata y le pintó el cabello a Alex, con el argumento de que debía sentir lo que sentían las paredes o en este caso el letrero. Quizás aquel señor hoy sea el precursor de una filosofía que difunda la percepción de emociones de los objetos, todo lo que te imagines puede suceder. En fin, sobre los golpes y el maltrato no ahondaré más, ya que no tengo la intención de victimizar el agresivo ataque de la autoridad a un niño de 15 años. Así que pueden opinar como gusten.

Fuimos llevados al centro de reclusión municipal mejor conocido como “La Popular” y afortunadamente no nos metieron a los separos, nos dejaron a un costado de donde eran recluidas las mujeres. Debo confesar que la imagen era dantesca, unos se golpeaban, otros se masturbaban y otros lucían muy acostumbrados a la situación, incluso había quien defecaba sin pudor. Por nuestra parte, obvio que exigí mi derecho a una llamada como aprendí de todas las películas policiacas. Al hacerlo, me amenazaron con meterme a los separos y mis labios se sellaron. Pasamos ahí cuatro horas y no, no te dan de cenar. A las dos de la mañana por fin nos permitieron comunicarnos con nuestros padres.
Al poco tiempo apareció mi papá y pasó directo con el encargado del lugar. Mi madre al ver dañado a su tesoro, encaró y abofeteó al supuesto comandante. No pasó mucho tiempo cuando mi padre el Coronel Tek, salió y dijo vámonos, eso incluía a Alejandro. Nos fuimos a casa y a primera hora me llevaron al doctor, son golpes internos dijo el médico pero está bien. Lo que no estaba bien y me dolía más que los puñetazos recibidos, era el silencio sepulcral del Coronel que duró días.

Muchos de los que en aquel entonces grafiteaban, hoy en día son diseñadores, ilustradores, tatuadores y algunos ahora pintan de manera profesional. En aquella ocasión de la detención, no sabía que me dedicaría a los medios de comunicación y fue la primera vez que aparecí en televisión, sosteniendo una lata que no era mía como parte del show policíaco en “Canal 5”. Esa “bomba” que me hizo ganar popularidad fue la última, puesto que jamás volví a pintar de manera clandestina.





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