Banksy hizo de nuevo eco en el
mundo al destruir una de sus obras justo al momento de ser vendida en una
subasta. Muchos ignoraban su existencia, pero con ese supuesto acto
anticapitalista paradójicamente se popularizó más. La obra en cuestión duplicó
su costo y volvió a poner el grafiti en boca de los jóvenes, iniciando de nuevo
el debate sobre si es arte o vandalismo.
A inicios del nuevo milenio, el
movimiento del grafiti era muy popular y en Tuxtla todas las paredes eran
“taggeadas”. Por ello los ciudadanos optaron por dos medidas: La primera, era
autorizar a un grupo de grafiteros a hacer una obra que al dueño de la casa le
agradara, firmando previamente un tipo de permiso para no ser levantados por la
policía. La segunda, era exigir a las autoridades una mayor vigilancia y
castigos más severos a aquellos jóvenes que en su mayoría estudiaban la
preparatoria. Todos temían pintar su casa y que se viera dañada. Por ello esta
Cróninorna, trata sobre mi breve y estrepitosa caída en el mundo del grafiti.
En Chiapas, el grafiti vino
acompañado del reggae y el ska a inicios del año 2000. Lamentablemente a
diferencia de los dos géneros musicales mencionados, no se buscaba lograr un
cambio social sino ser popular. Esa era la razón por la que muchos preferían
pintar las letras de su “crew” y no sus seudónimos, aunque había grafiteros que
destacaban por su gran talento como el “Aske” o el “Sekta” y otros porque sus “tags”
aparecían por toda la ciudad como el “Are” o el “Soga”. Los dos “crews” más
populares en Tuxtla eran la “DC” y la “RCK”. Yo pertenecía a uno llamado “MR”,
que en realidad no significaba nada pero sus letras se prestaban para varios
estilos.
El punto de reunión más popular
era a un costado de la catedral de San Marcos y
era conocido como “El Círculo”, ubicado en el Parque Central de Tuxtla cuando
aún tenía vida. Todos se congregaban ahí, algunos para ir a pintar o para irse
de fiesta. Los primeros, llevaban en sus mochilas latas y esperaban a que la
luna apareciera para rentar un taxi e irse de pinta, iban varios para alertarse
unos a otros por si aparecía la policía “echar 18”. Los segundos, en su mayoría
iban al departamento del “Guasón”, ubicado en Rinconada del Sol. Este amigo fue
la primera persona que conocí con “dreadlocks” y su casa siempre olía a
incienso. Cuando nos reuníamos ahí todos se solidarizaban con la causa, si
alguien no tenía dinero no importaba porque las caguamas nunca faltaban. Eran
tiempos en que vestías “tumbado” o al estilo Cantinflas como decían los papás y
“Sol de Medianoche” de Salón Victoria, era un himno por las madrugadas. Al
amanecer, el mejor consomé era una sopa “Maruchan” con limón y un chilito
habanero remojado para amarrar.
Así fue que cierto sábado decidí
ir a pintar sin acompañarme de nadie o mejor dicho de ningún otro que también
lo hiciera. La razón era sencilla, como era nuevo no quería se dijera que era
“hijito” de alguien como se acostumbraba o pensarán que me estaba “faroleando”
algún estilo. Por eso me hice acompañar de la única persona que me apoya en
todo lo malo por no decir estúpido pero divertido, Alejandro Vázquez. Con la
noche puesta, nos dirigimos a la Calzada Ciudad Deportiva – Artículo 115 (hoy
en día Calzada de las Etnias) y nos hallamos con un letrero de transito
completamente blanco. Pausamos el paso y observamos alrededor, nada se
apreciaba en la oscuridad salvo el susurro del viento. Así que sin más saqué
una lata de color rojo, con una “cap” de trazo gordo e hice una “bomba” que
abarcó todo el letrero. Todo era risa y diversión, hasta que al mirar atrás vi
a cuatro sujetos sin uniforme corriendo hacia nosotros. Le grité a Alejandro
que corriera y pensó que era una broma, hasta que me vio huir despavoridamente.
Al dudar, fue alcanzado rápidamente y con un drible no solo pudo zafarse sino
que hasta darme alcance y rebasarme. Yo corría a toda velocidad con dos sujetos
detrás de mí sin saber que eran policías, ambos me gritaban « ¡Párate que te vamos a quebrar HDTPM! »
Nadie cuerdo se detendría ante esas amenazas ¿Verdad?
Amenazado y corriendo
sobre el camellón a toda la velocidad que mi cuerpo púbero me permitía, con la
visión periférica pude ver a mi derecha las luces de un vehículo que se
aproximaba y a lo lejos un tope. Con esos dos elementos, pude recrear en mi
mente el momento de mi perfecto y espectacular escape. El plan era dirigirme
hacía el tope y al instante en que el vehículo descendiera su velocidad para
pasarlo, yo me deslizaría sobre su cofre y los dos sujetos que me perseguían
quedarían anonadados. De esa manera me verían partir y quizás hasta un aplauso
me obsequiarían, en tanto yo celebraría a la distancia.
Sobre mi plan perfecto,
sólo puedo decir que sí cumplí con algunas cosas. Sí me dirigí al tope y sí
descendió su velocidad el vehículo, pero no fue como esperaba. En cuanto me acerqué,
el carro frenó abruptamente y el rechinar de las llantas me asustó. Me quedé
estupefacto y al darme alcance quienes me perseguían, me estrellaron contra el
cofre del automóvil. Aún recuerdo los ojos blancos de los pasajeros, quienes
aceleraron para alcanzar a sus almas.
Una vez detenido me
esposaron y quedaron a la espera, dado que la persecución de Alejandro aún no
concluía. En ese momento pensé en que sería bueno se diera a la fuga, así
podría ayudarme avisando o juntando dinero para pagar la fianza, aunque por
otro lado también pensé que sería bueno me acompañase para no estar solito. En
tanto meditaba, un “vochito” se detuvo frente a mí y mis captores, del vehículo
descendieron tres señores con tubos en mano dispuestos a ayudarme. Dijeron que
habían visto todo y exhortaban a liberarme, pero resulta que quienes me
atraparon efectivamente sí eran policías. Al identificarse, discutieron un rato
sobre si debían soltarme o no por mi corta edad. Incluso uno de ellos dijo que
me detendrían solo un momento con la intención de espantarme o en el peor de
los casos llamarían a mis padres, pero debían esperar a su comandante.
Finalmente el trío del “vochito” se disculpó conmigo por no poder hacer más y
siguió su camino.
Esperar es lo de hoy y
lo de ayer y lo de mañana. Aquel ayer mientras esperaba, vi cuando los otros
dos policías ya traían a Alejandro con ellos. Llegó una patrulla y de la nada
el supuesto comandante corrió hacía mí y me golpeó, fueron tres puñetazos y el
que más recuerdo fue uno en la boca del estómago que me dejó sin aire.
Posteriormente tomó una lata y le pintó el cabello a Alex, con el argumento de
que debía sentir lo que sentían las paredes o en este caso el letrero. Quizás
aquel señor hoy sea el precursor de una filosofía que difunda la percepción de
emociones de los objetos, todo lo que te imagines puede suceder. En fin, sobre
los golpes y el maltrato no ahondaré más, ya que no tengo la intención de
victimizar el agresivo ataque de la autoridad a un niño de 15 años. Así que
pueden opinar como gusten.
Fuimos llevados al
centro de reclusión municipal mejor conocido como “La Popular” y
afortunadamente no nos metieron a los separos, nos dejaron a un costado de
donde eran recluidas las mujeres. Debo confesar que la imagen era dantesca,
unos se golpeaban, otros se masturbaban y otros lucían muy acostumbrados a la
situación, incluso había quien defecaba sin pudor. Por nuestra parte, obvio que
exigí mi derecho a una llamada como aprendí de todas las películas policiacas.
Al hacerlo, me amenazaron con meterme a los separos y mis labios se sellaron.
Pasamos ahí cuatro horas y no, no te dan de cenar. A las dos de la mañana por
fin nos permitieron comunicarnos con nuestros padres.
Al poco tiempo apareció mi papá y
pasó directo con el encargado del lugar. Mi madre al ver dañado a su tesoro,
encaró y abofeteó al supuesto comandante. No pasó mucho tiempo cuando mi padre
el Coronel Tek, salió y dijo vámonos, eso incluía a Alejandro. Nos fuimos a
casa y a primera hora me llevaron al doctor, son golpes internos dijo el médico
pero está bien. Lo que no estaba bien y me dolía más que los puñetazos
recibidos, era el silencio sepulcral del Coronel que duró días.
Muchos de los que en aquel
entonces grafiteaban, hoy en día son diseñadores, ilustradores, tatuadores y
algunos ahora pintan de manera profesional. En aquella ocasión de la detención,
no sabía que me dedicaría a los medios de comunicación y fue la primera vez que
aparecí en televisión, sosteniendo una lata que no era mía como parte del show
policíaco en “Canal 5”. Esa “bomba” que me hizo ganar popularidad fue la
última, puesto que jamás volví a pintar de manera clandestina.
Comentarios
Publicar un comentario