David Tovilla me contó una anécdota durante la presentación de un libro
en una universidad. Presentaba su propuesta de decálogo de cine erótico: las
diez películas esenciales para el tema del erotismo que todos debiéramos ver.
En la interacción con el público, un muchacho le comentó que, en su casa, se
habían inquietado porque el volumen incluía a la película Garganta profunda.
Su respuesta fue: “Si alguien se precia de haber visto lo fundamental
del cine sobre la sexualidad tendría que conocer el mayor clásico de cine para
adultos”. Enseguida consultó a todo el auditorio con unas sesenta personas si
habían visto la película en cuestión. Sólo levantó la mano la persona quien había
hecho el comentario.
Insistió:
“Bueno. Quienes hayan visto una película sexual, llamadas pornográficas...”
Nadie. No se contuvo y dijo: “Es imposible que, en un universo como éste, nadie
haya visto porno. Si les pregunto porqué lo rechazan me dirán que porque no
aporta nada. ¿Pero si no lo conocen, porque se supone no lo han visto, por qué
descalificarlo. Lo que, en verdad,
existe es mucha hipocresía”.
El episodio me lo compartió hará unos seis años. Desde entonces, mantuvo
el interés por escribir un ensayo sobre la pornografía. Por fin, lo hizo. El
lunes 12 de agosto, la empresa Amazon puso en venta el título “¿POR qué NO?, de
David Tovilla, para adquirirse como libro electrónico e impreso.
Como es característico en su escritura: no es un libro farragoso, semeja
una plática personal, bien documentada, para hablar en concreto sobre algunos
ejes relacionados con el tema: erotismo, delitos, industria, consumo, entre
otros. Con media vida de indagación sobre esos temas, Tovilla accede a
conversar para este espacio.
-Nos tenías acostumbrados a tus ediciones impresas que circulaban en
librerías locales. Ahora vas con Amazon. ¿Y eso?
-Me formé en la cultura del libro de papel. Por eso, cuando un texto
pasa a esa condición es un suceso. Durante años recientes se ha hablado de una
oposición entre impreso y digital. Como algo contrapuesto sin que eso sea así,
en estricto sentido. Hay libros que ameritan estar en papel porque son una
herramienta de trabajo; hay otros que se leen por cultura general o circunstancias.
Sin embargo, es hasta leer un dispositivo adecuado como el lector Kindle,
cuando se ubica todo. Me resistí años. Llegué a leer libros, en una tableta,
por necesidad. Pero eso no es un libro electrónico. Afecta la vista. Los
lectores electrónicos, por ser de tinta electrónica, no tienen esa repercusión.
Ahora, alterno ambos, pero el pequeño formato del Kindle estimula a leer, a
ocupar los tiempos muertos, a cargar mucho en poco. Por ejemplo, me detuve
mucho tiempo en el primero de tres volúmenes de la última edición en español de
En busca del tiempo perdido de Marcel Proust. No se puede llevar el tomo de mil
páginas a todas partes. Decidí probar en el lector, que es un poco más grande
que un teléfono, y resultó una maravilla. En una semana avancé lo que no
durante meses, por su practicidad. Después trasladé los subrayados a la edición
impresa y todo resuelto. Hay convivencia. Así que mi propia experiencia de
lector, en 2018, me llevó a poner mi nuevo ensayo en manos de Amazon, que en
esta etapa tienen exclusividad. Hasta ellos pusieron el registro bibliográfico
ISBN. Hace años ya había subido unos libros en versión digital en este sitio.
La diferencia, ahora, es que lleva la marca de ellos. Más adelante, mucho
después, saldrá la versión impresa del tipo de las que conoces.
-Pero ¿No sólo está disponible para lectores Kindle que vende la empresa
Amazon o sí?
-Qué bueno lo señalas: es para todos. Amazon vende el libro digital y si
tienes Kindle lo lees ahí. Si no, puedes bajarlo en una tableta, una computadora
o tu teléfono. Manejes Mac, Windows o Androi, hay una app, un programa que te
permitirá leer como en el Kindle y administrar tus libros ahí. Buscar el libro
es de lo más sencillo: entras a Amazon.com y tecleas el nombre del autor en el
buscador general y te aparece de inmediato.
-¿Por qué hablar de pornografía?
-Por eso: porque es algo que se ve por todo el mundo, todos los días, a
diversas horas, pero de lo que no se habla. En el libro incluyo las
estadísticas recientes publicadas por el portal PornHub y, hoy, el consumo
pornográfico se hace en los teléfonos celulares. Es un aparato que acompaña a
todos y sirve para la vida y en ella está ver imágenes sexuales, genitales. El
dato es que, ahora, en México el 81% de las visitas a sitios porno se hacen desde
los celulares. Además, nuestro país ocupa el lugar doce en la docena de países
que más consume porno. Entonces es un hecho que se ve, pero si preguntas en
cualquier lugar: ¡todos dirán que no!
-Y ¿cuál sería el problema de no hablarlo?
-Que se consolida la hipocresía, el prejuicio, las suposiciones, las
magnificaciones. La pornografía no son más que imágenes de los genitales y no
es un problema ver, retratado o en acción, lo que todos los seres humanos
tenemos. El tema es la actitud hacia ello. No se aborda porque se considera
algo negativo, malo. Y es básico: a los videos se les llama pornográficos,
cuando debieran llamarse sexuales. Porque eso es: muestran el sexo. Sin
embargo, llamarlos videos pornos es calificarlos en negativo; mas bien
descalificarlos. Es lenguaje pero en el fondo hay una actitud. No debería haber
problemas con los genitales, pero suele haberlo cuando a su representación
fotográfica o visual se les pone el nombre de pornografía.
-Quizá es porque luego hay maneras irregulares de hacer algunas fotos y
videos...
-Eso es una parte del amplio mundo. Por eso dedico un capítulo para
expresar con claridad que los delitos son tales y deben castigarse así. Sin
embargo, en las leyes de México y el mundo la pornografía, es decir las
imágenes sexuales, no están penadas, ni se persiguen: lo penado, condenable y
perseguible es la explotación humana que pudiera existir para elaborar ese
material. Por eso no debe consumirse la pornografía de mala calidad,
improvisada y cuyos protagonistas dan pena en lugar de mostrar un gozo. Es
probable que eso provenga de la comisión de delitos. Nada que ver con las
cualidades actorales, el glamour, la belleza de las protagonistas de los sitios
formales. Es como los teléfonos: sirven para ver porno. Eso no le hace daño a
nadie. Sin embargo, un celular puede servir para una extorsión. No es lo mismo.
El problema no es el aparato sino quien los usa para qué. Por ejemplo, en
Yucatán, ya es delito circular imágenes sexuales sin consentimiento. Lo que se
conoce como pornovenganza. Esto es: no es delito que unos amantes se tomen
fotos desnudos o como sea. Lo es si uno de ellos utiliza esas fotos, las
circula. Así los delitos no son inherentes a la pornografía, sino a las
personas.
-En tu libro de frases, “Destellos”, ya adelantabas que pornografía y
erotismo no son opuestos...
-Todo está asociado a la permisividad social. Son términos cargados de
aceptación o no. Lo erótico es permisible, bueno, limpio; el porno es
condenable, malo, sucio. Pero no es así, la sexualidad es una. En quien mira
está lo negativo o positivo, no en el sexo. En medio de todo está la mirada:
igual se quiere mirar de manera velada, sugerente; o bien, se quiere mirar a
plenitud la acción genital. Son momentos,
circunstancias. Lo uno no suprime lo otro.
-Tu
idea era algo que constituyera un “cómo acercarse al porno”..
-No es tanto. Es análisis del contexto actual y algo de las
exploraciones pornográficas que pueden compartirse. Es algo equilibrado. Ahí
está, ahora sí al alcance de todos en Amazon.com.
-Pues
no queda más que felicitarte. Seguro, tendrás mayores lectores...
-Gracias.
El siglo XXI es el tiempo de la pornografía no porque ésta se lo haya propuesto
sino por los mecanismos de consumo masivo. Eso es lo que cambió y ahí hay que
estar. A ver...
-Gracias
a ti y aunque ya tengo la versión electrónica, espero el volumen impreso
tradicional.
-Lo
tendrás, meses adelante... De nuevo, ilustrado con el trabajo fotográfico de
Verónica Lyubanova, desde San Petersburgo.
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