El mes de abril 2018 inició con records, polémicas y
momentos de nostalgia, gracias a uno de los deportes que más pasiones despierta
entre sus seguidores y los propios jugadores, el futbol. El día dos del mes en
curso se estrenó en México la nueva serie de “Los Súper Campeones”, aquella que
todos disfrutamos en los noventas y que aún hoy en día cuando vemos un paradón
gritamos “¡Benji Price!”. Asimismo dos días después en un encuentro de la
Champions League, Cristiano Ronaldo hizo un gol de Chilena majestuoso ante la
“Juventus” con el que rompió un record por anotar en todos los partidos de la
fase de grupos y en los de eliminatoria. Tres días después en la liga española,
Leo Messi hace un “hat-trick” en contra del Leganés consiguiendo una victoria
más para el Barcelona, con lo que rompió un nuevo record al sumar treinta y
ocho partidos sin perder en la Liga. Finalmente en el partido de vuelta entre
el Real Madrid y la Juventus, al minuto 93 con un marcador global empatado surge
un penal, que al reclamar Gianluigi
Buffon se ganó una tarjeta roja en lo que sería su última participación en la
Champions. Ronaldo cobró y anotó.
En ese sentido el estreno de la nueva serie de “Los Súper
Campeones” no pudo ser en mejor momento, el Mundial Rusia 2018 se acerca y esos
jugadores de fantasía en la serie ya existen en realidad. Haciendo una analogía
Ronaldo sería Oliver Atom y Messi Steve Hyuga (muchos dirán que esto debería
ser al revés pero yo le voy al Real Madrid y es mi historia) y lo que nadie
podría discutir es que Buffon es y siempre será Benji Price. Por eso está “Cróninorna”
trata sobre mi encuentro con el futbol.
Mi papá nunca fue aficionado al soccer, cuando viajábamos en
el metro y abordaban los aficionados rumbo al Estadio Azteca el rostro se le
transformaba, pero a quién no le sucedería lo mismo si se hallase en un vagón
rodeado de hinchas del “América”, piénsenlo. En 1994 conocí el futbol, porque
seguidores o no de este deporte, todos ven “El Mundial” que en aquel entonces
se realizó en Estados Unidos. La ceremonia de inauguración el 17 de junio me
impactó y coleccioné las figuritas de su mascota “Striker”, un perrito que
vestía un uniforme gringo y sí, lo confieso, era de los que cantaba “México
lets go”.
La selección mexicana perdió su primer encuentro contra
Noruega por un gol, pero lo que más me sorprendió fue que cuando se enfrentó
contra Irlanda las clases se suspendieron. Yo estudiaba en la primaria Lic.
Adolfo López Mateos de Naucalpan, México; y todos fuimos llevados al salón de
audiovisuales para ver el partido. Me resultaba alucinante que todo se
detuviera por un encuentro de futbol. Aquel día la selección ganó 2-1 y pude
ver a los maestros más formales transformarse, celebrando con euforia
contagiosa a los infantes. Asimismo supe que existía el Ángel de la
Independencia (no lo conocía porque acabábamos de mudarnos de Tlaxcala), lugar
en donde todos se congregaban a celebrar y por unos minutos, el país se
encapsuló en un misticismo fascinante en donde todos los ciudadanos
convergieron. Fuera de esa capsula no había nada más que la cotidianidad y sus
tintes grises cortesía del smog.
Para el siguiente partido contra Italia y como bueno
mexicanos, surgió la devoción. En todos los mercados podíamos hallar imágenes
del Niño Dios vestido con el uniforme de la selección. Entonces entendí que
para vencer a Italia se necesitaría ayuda divina y qué creen, México iba
perdiendo por un gol y gracias a una anotación de Marcelino Bernal, se logró el
empate y el pase a los octavos de final. Lo que sigue ya lo saben y sucede en todos los
mundiales, la selección fue descalificada por Bulgaria en penales y sí, desde
entonces ya jugaban como nunca y perdían como siempre. Esperemos que en Rusia
2018 se rompa esta maldición.
La final de la Copa Mundial fue inolvidable y se definió en
penales, Brasil e Italia se enfrentaron. Conocí a ese legendario equipo
comandado por Romario y Bebeto. La celebración de este último por uno de sus
goles es inolvidable, puesto que meció en sus brazos a su hijo que estaba por nacer.
Por otro lado Roberto Baggio también dejó su huella en la memoria de todos al
fallar un penal. Todos tenían la certeza de que anotaría y voló la pelota por
encima de la portería, dándole el triunfo a Brasil.
Gracias al Mundial de 1994, me hice aficionado a ese
deporte. Conocí a Hugo Sánchez, el verdadero Rey de las Chilenas y el mejor
delantero mexicano de la historia, por él comencé a seguir al Real Madrid.
Asimismo conocí a uno de mis héroes hasta hoy en día, Jorge Campos, que era tan
buen portero como delantero y es considerado uno de los mejores guardametas de
la historia. Él apareció en una OVA de “Los Súper Campeones” en los noventas,
con el nombre de Ricardo Espadas.
Concluido el mundial el 17 de julio, en octubre de 1994 se
estrenó en México “Los Súper Campeones” y con ello el fanatismo juvenil a este
deporte. Todos recuerdan a sus personajes y esos partidos eternos en donde un
remate podría llevarse dos o tres capítulos. En ese entonces en el lugar en
donde vivía, para ser más específicos en la calle “El Rosal” de la colonia Bosque
de los Remedios, en Naucalpan. Todos los niños nos congregábamos en la tiendita
de un amigo llamado Hassiel, para ver el anime y posteriormente jugar la reta.
Concluyendo todos bebíamos nuestro Boing en botella de cristal, porque no
existían los refrescos no retornables y si tenías que regresar a casa, te
llevabas tu bebida en una bolsita con su popote.
Gracias a “Los Super Campeones”, todos se sentían con la
posibilidad de llegar a ser grandes jugadores. Había personajes de escasos
recursos, enfermos del corazón y hasta el gordito que siempre ponías de portero,
se identificaba con un guardameta con las mismas características que aparecía
en el anime y era de los mejores. Entonces todos jugábamos futbol a todas horas
y cuando no había balón, lo hacíamos con un bote de Frutsi rellenado con
piedritas. Podíamos jugar a cualquier hora en la calle sin temor a los
vehículos o a ser secuestrados o robados. Porque aunque no lo crean jugaba
futbol, pero cuando llegué a vivir a Chiapas me chingue la rodilla y me hallé
atrapado en un embotellamiento de cervezas por culpa de tanto calor, a eso súmenle haberme enterado de que Oliver
Atom no tenía piernas y había soñado todo. Así concluyó mi historia deportiva
pero no mi afición.
@fcofelixd
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