La entrega de los premios Oscar
2018, resultó ser muy emotiva para todos los mexicanos y no solo porque
literalmente se vistió de nuestros colores, sino por tocar esa etérea vena que
conecta a todos los latinoamericanos con sus familiares. Además sirvió para
recordarle al país de la esperanza que realmente se puede y que debemos
celebrar la vida o bien, volver productiva la añoranza.
En una sola noche Guillermo del
Toro se convirtió en el tercer mexicano en ganar un Oscar a la mejor dirección,
gracias a su película “La Forma del Agua”. Asimismo durante la ceremonia de
premiación Natalia Lafourcade, Gael García Bernal y Miguel (este último de
padre mexicano), interpretaron el tema “Recuerdame” soundtrack de “Coco”, filme
basado en la costumbre del Día de Muertos que se llevó el Oscar a mejor
película animada y mejor canción. Quizás muchos no se dieron cuenta, pero todo
lo mencionado se convirtió en una bofetada con guante blanco a Donald Trump y
sus políticas migratorias, pues en palabras de Lee Unkrich “Coco es una carta
de amor para México” y sí, esta carta se escribió desde el país de las
oportunidades para todo el mundo.
Por ello está “Cróninorna” trata
de las emociones provocadas por esta película, tanto cuando se estrenó así como
cuando fue premiada. Ya que quizás algunos ahora valoren más a los que tienen
cerca y puede que otros lamenten no haber capturado todos los momentos que
hubiesen deseado. Lo cierto es que si la vida es una colección de instantes,
las fotografías son esos destellos en la memoria para nunca olvidar quienes
somos y quienes formaron parte de nuestra edificación.
Como buenos mexicanos, ya es
tradición que el Día de Muertos coloquemos un altar en nuestros hogares con
alimentos y bebidas que en vida disfrutaron nuestros difuntos. También ponemos
sus fotografías detrás de veladoras encendidas para iluminar su camino a casa.
Según la película “Coco”, si no colocas una foto en el altar de la persona que
ya no está, no podrá visitarnos. Eso me recordó mucho a mi abuelo Jesús, al que
solo conocí por una imagen que mi mamá siempre colocaba en el altar y por
algunas leyendas de su natal Rosario, Sinaloa.
¿Conocen los refrescos sabor vainilla llamados
“Toni Col”? Esos que en Chiapas solo venden en tiendas naturistas, pues son
elaborados en el Rosario y para llegar a la fábrica había que cruzar un puente
en donde cuentan aparecía una mujer sin piernas colgando de él, pero esa es
otra historia que forma parte del realismo mágico de la entidad. En ese pueblo
vivía mi abuelo, en su casa al llegar el ocaso aparecía una niña de ropas
rasgadas con la que platicaba y que al despedirse, lo hacía partiendo hacía un
árbol de mango en donde se esfumaba. En esa mangifera que aún existe, cuentan
aparecía un soldado por las noches quizás resguardando el tesoro que según los
habitantes del pueblo debía existir. Un día la niña no apareció y él enfermó,
fue internado por una falla cardiaca y se le asignó una dieta especial que no
llevó. “El que por su gustó muere, hasta la muerte le sabe”, dijo en 1974 antes
de darse un gran banquete con el que se despidió de esta vida a sus 62 años,
llevándose con él la infancia de mi madre que en ese entonces solo tenía 12
añitos. A mi abuelo Jesús de aproximadamente dos metros de altura y más de 100
kilos de peso, solo lo conocí por una foto en blanco y negro. Lucía serio y
reservado como todos los abogados que aquel entonces. Esa única imagen que
teníamos de él, se quemó en el altar un Día de Muertos por accidente y ahora
solo conservo el recuerdo de las leyendas del Rosario, Sinaloa.
Supongo que por lo anterior mi
mamá ahora toma cientos de fotos de un solo evento y aunque de niño me
molestaba, con la partida de mi padre el Coronel Tek, ahora le agradezco todos
esos instantes dibujados con luz. En las fotografías familiares, mi padre y yo
éramos los dos grandes ausentes. Él porque no le gustaban y yo porque era el
que las tomaba, pero todo cambió cuando nacieron sus nietos pues ya quería
aparecer en todas con ellos.
Cuando mi padre nació en 1948 en
Campeche, una teja cayó sobre su estómago a causa de una tormenta que azotó a la ciudad. La partera dijo que lo
ocurrido era de buena suerte y así lo creyeron todos menos su papá. Este último
de oficio carpintero le enseñó el tallado en madera, actividad que realizó
hasta sus últimos días y aún conservamos algunas de sus esculturas en casa. El
Coronel Tek, me contaba que su infancia no había sido muy buena y cómo lo sería
si era el hijo menor de 13 hermanos. Todos tenían que cooperar para llevar pan
a la casa y él estaba decidido a no vivir así. Solo había un pequeño
problemita, tenía un miedo inexplicable a los militares y esa profesión era la
única manera de salir adelante. A sus 15 años decidió presentar su examen para
el Colegió Militar, juntó sus pocos ahorros para su pasaje y partió a la Ciudad
de México sin el consentimiento de su padre. Aprobó el examen pero la admisión
no fue inmediata, tuvo que esperar seis meses para poder ingresar y sobrevivió
boleando zapatos porque si regresaba a Campeche, mi abuelo no lo dejaría partir
de nuevo. Hay gente tan conforme con su vida que hereda la mediocridad de
generación en generación, pero siempre hay individuos que quieren más y se
imaginan con tres estrellas en la frente.
Mi padre se retiró como Coronel
de Infantería del Ejército Mexicano en Tamaulipas y de ello tampoco hubo fotos,
nunca le gustaron hasta que nacieron mis hermanas y yo, no en ese orden
precisamente pero en la casa había las clásicas imágenes de caritas que habitan
en todos los hogares del país, más los álbumes tamaño jumbo que aún conserva mi
mamá. A veces pienso que no le gustaba retratar su vida antes del Colegio
Militar o que no había nada que quisiera conservar de aquel entonces, pero
cuando nacieron sus nietos él mismo pedía y posaba para las fotos con los
niños, quizás fueron ellos los destellos que su vida necesitó. Lamentablemente
ninguno de mis hijos lo conoció, falleció a la semana que nació mi primer niño
pero lo conocerán gracias a todas las
fotografías que conseguimos capturar, asimismo las historias que nos heredó.
Quizás los creadores de Cocó tengan razón y una imagen sirve de boleto para que
puedan volver los que se fueron, pero lo cierto es que gracias a las centellas
de la memoria ellos nunca tienen porque irse.
@fcofelixd
Publicado en El Diario de Chiapas - http://etrnoticias.mx/ - http://alfaronoticias.com.mx
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