Hace aproximadamente 20 años en
la Secundaria Técnica 02 mejor conocida como la Centenaria PREVO de Tuxtla, las
clases se suspendieron y la mayoría del alumnado se congregó en el taller de
electricidad (el único con TV) a las 8:30 de la noche, para poder observar por
primera vez en México como Gokú se transformaba en “Supersaiyajin”. Ahora gente
de todo el país, se reunirá en diversas plazas, parques y bares, el próximo 17
de marzo del 2018 para ver el capítulo final de “Dragón Ball Súper”.
Todos saben quién es Gokú y
quienes no, deberían saber que fue creado por Akira Toriyama y que en Japón celebran
su día el nueve de mayo. Así es, justo un día antes del de nuestras sacrosantas
madres en México, asimismo es embajador de los Juegos Olímpicos que se
celebrarán en Tokio en el 2020 y el mundo lo conoció por primera vez en 1984
con el manga “Dragón Ball” (primera de las cuatro series), dos años después
hizo su debut en la televisión y en nuestro país su anime se estrenó en 1996.
Si aun así hay algunos que no sepan quién es, es ese que aparece en una fotografía
de un niño alzando las manos en el Hospital de Oncología de Obregón, Sonora. Lo
que ese niño está haciendo es una “genkidama” y es una habilidad del personaje
en cuestión, en donde todos los seres vivos le transmiten su energía para
derrotar al enemigo (ojala la imagen viralizada sirva para darle esperanza y
algo más al pequeño que aparece en ella).
Una vez dadas las fechas de
estreno, ya podemos entender el porqué del afecto a este personaje que creció
con muchos de nosotros e incluso tuvo familia y hasta una nieta llamada Pan.
Para darnos una idea, yo nací en 1984 y pude disfrutar de “Dragón Ball” cuando
era un estudiante de primaría, en la escuela Lic. Adolfo López Mateos en
Naucalpan, México. Por ahí de 1997 y antes de que saliera “Dragón Ball Z”, mi
familia y yo nos mudamos a Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Así es que en tanto Gokú
se esforzaba por vencer a Freezer, nosotros luchábamos por permanecer en la
entidad. Por ello esta “Cróninorna” trata del más grande de los “sayayines” y
una no grata bienvenida al estado al que ahora pertenecemos, ya que aquí
enterramos a nuestro ser más querido y de su tierra nacieron nuestras flores.
Lo mejor que traje de México a
Tuxtla y que me ayudó a hacer amigos en la secundaria, fue un álbum “Panini” de
“Dragón Ball Z” (aquí nunca llegó), en donde ya se vislumbraba que Gokú tendría
a su primer hijo, Gohan. Lamentablemente
ese álbum que atesoraba terminó en manos de alguien más, en el marco de mí no
grata bienvenida a la ciudad. Apenas llegué con mi familia enfrenté una severa
deshidratación y mi hermana menor padeció dengue hemorrágico, en ese entonces
el estado negaba existiesen casos de aquella nueva enfermedad transmitida por
un mosquito y que resultaba ser mortal, por suerte mi hermana sanó (gracias al
hospital militar) y pasó a ser uno más de los casos no contabilizados por el
sector salud. Pero bien, estábamos con mi súper álbum que le presumía a todos
mis compañeritos. Recuerdan ustedes por aquellos años a una banda de
pandilleros llamada “Los Castores”, esos que a la vista de la sociedad y
autoridades, amedrentaban, robaban mochilas y tenis a estudiantes de la PREVO,
así como a los de la Secundaría Joaquín Miguel Gutiérrez (en esta última
asesinaron a un alumno y a su papá) y que por increíble que parezcan andaban
con las niñas más bonitas de ambas escuelas. Pues bien, un día saliendo de
clases en el turno vespertino, dos de esos “insectos” robaron mi mochila y mi
súper álbum con la amenaza de arrancarme el brazo de no dárselos, tuve suerte
de que aún no conocieran a Vegeta. Su clásica frase para robar era “un peso
hija” y si respondías que no tenías te contestaban con un “báscula hija”, que
significaba revisarte y justo en ese momento perdías todas tus cosas, como mi
álbum por ejemplo.
En ese tenor, cuando por fin se
estrenó la serie yo no podía verla porque estudiaba en el turno vespertino y
salía a las 21:00 horas. Lamentablemente en la semana de estreno falleció mi
abuelito José y siempre sentí culpa por ello. La razón que ahora confesaré fue
porque ese día tuve un encuentro sexual que no sé si este bien llamarlo así, el
motivo como escribió Roberto Bolaño en “Los Detectives Salvajes” es sencillo,
en esta novela a uno de los personajes le practican sexo oral y él se cuestiona
si eso cuenta como tener relaciones sexuales y si para llamarlo sexo el pene
debe entrar en la vagina. En mi caso sí entre pero no me moví, miedo, inocencia
e inexperiencia fueron la razón, entonces al igual que Bolaño me preguntó si
eso contó como coito. En fin, después de ese suceso me entere que mi abuelo
falleció y pensé que era un castigo divino por haber obrado mal, con el tiempo
descubrí que Dios no tiene tiempo para vigilarnos a todos y que en Chiapas hay
algo que llaman novena. Así es que durante nueve días velamos a mi abuelito y
se nos prohibió escuchar música, ver tv o cualquier cosa que resultase
divertida para un niño. Es por ello que la única oportunidad que tuve para ver
“Dragón Ball Z”, no me fue permitida, si intentaba encender la TV se activaba
una alarma que solo detectaban mis tías y aparecían al instante para apagarla.
También debo confesar que extraño a mi abuelo José y las paletas heladas dobles
llamadas “Muppaletas” sabor uva que siempre me obsequiaba.
Como pudieron leer mi llegada al
estado que tanto quiero no fue muy buena y no pude disfrutar de “Dragón Ball
Z”, salvo cuando me enfermaba, vacacionaba o bien, cuando Gokú se transformó en
“Supersaiyajin” y toda la PREVO se congregó en el taller de electricidad. El
tiempo pasó y cuando entre al COBACH 01 salió “Dragón Ball GT” por ahí del año
2000 (anime en el que Akira Toriyama no tuvo participación). Serie que ya no vi
porque mis intereses habían cambiado y prefería pasar más tiempo con mis
amigos, eso sí, nunca dejamos de jugar o bromear con hacer un “Kame Hame Ha” o
medir el “Ki” y eso es hasta la fecha.
Muchos años después surgió
“Dragón Ball Super” que finaliza este 17 de marzo y me provoca cierta nostalgia.
Esta última serie de nuestro personaje favorito inició en octubre del
2017, con Gokú y su segundo hijo Goten
cosechando rábanos, para ese año yo cosechaba a mi tercer hijo y fue inevitable
ponerse a pensar en todo el tiempo que ha pasado. Después de todo, mi memoria
no consta de fechas sino de ratitos emotivos.
@fcofelixd
Publicado en El Diario de Chiapas / En Tiempo Real MX / Alfaro Noticias
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