Hay episodios
de la historia de la propaganda política que merecen siempre ser recordados. A
uno de éstos se refiere la película “Trampa para un gato” de Manuel de Pedro.
No se trata de un gran producto cinematográfico: más bien es ordinario. Su
mérito reside en recuperar la importancia que tuvo la radio en tiempos de la
insurgencia salvadoreña.
“Trampa para
un gato” es una producción de 1994. No se consigue con facilidad, pero en
YouTube existe una copia de una transmisión de Telesur. Su calidad es
deficiente pero sí permite conocer la parte de la memoria insurgente, planteada
en hora y cuarto.
Lo central es
la apuesta por una radio que transmitió en frecuencia modulada y onda corta
para romper el cerco informativo y hacer política internacional. El resultado
fue “Radio Venceremos” una estación que transmitía desde los frentes de combate
de El Salvador. La cinta da cuenta cómo la emisora clandestina se convirtió en
un objetivo central para las dos partes en conflicto. Por una parte, una
obsesión gubernamental por silenciar un instrumento que levantaba la moral de
la guerrilla y minaba la del ejército regular. Por parte del Frente Farabundo
Martí para la Liberación Nacional un mensaje de la fortaleza y hasta de la
existencia misma de la milicia. La vida o la muerte asociadas a un medio de
comunicación alternativo, como no hubo otro en América Latina. La batalla en el
plano simbólico que formar parte de una visión estratégica que no siempre se
atiende y entiende. Como bien dice Javier Sánchez Galicia: “La comunicación
política es, antes que nada, un trabajo político y debe ajustarse a sus mismas
reglas. Cuando se toman decisiones de tipo comunicacional en la actividad
política, se actúa políticamente: todo error de comunicación en la política
debe ser considerado como un error político. Consecuencia y efecto son, sin
duda alguna, problemas políticos que exigen decisiones políticas”. Por eso, “Trampa
para un gato” muestra las consecutivas decisiones de la comandancia para preservar
el transmisor o su restitución; al tiempo de poner a salvo al equipo humano que
hacía posible a “Radio Venceremos”.
La experiencia
comunicacional insurgente deja, además, el exitoso uso de la música popular. La
clave está en no perder la calidad musical al involucrar a los cantautores. No
como ocurre en las campañas políticas mexicanas que dan risa al ser remedos o
malas copias de melodías populares. Ahí está el disco “Guitarra armada” del
Frente Sandinista de Liberación Nacional, organización nicaragüense y hermana
de la salvadoreña, que, de manera didáctica, explicaba el uso de los explosivos
y las armas con un lenguaje divertido, dinámico, asequible. Estas experiencias
son parte del patrimonio de la propaganda política y no deben dejar perderse,
como bien lo hace “Trampa para un gato”.
Tampoco está
de más recordar eso que marcó al pueblo salvadoreño que, ahora, mantiene en el
poder, por la vía electoral, al FMLN: el asesinato del obispo Romero; la
práctica de exterminio de comunidades enteras como la masacre de El Mozote; las
órdenes de la jerarquía militar de asesinar a todos, aún se tratarán de
familiares propios de los soldados salvadoreños.
En síntesis,
más por la memoria que por su realización cinematográfica y por rescatar la
gran experiencia de “Radio Venceremos”, es bueno recordar a “Trampa para un
gato”.
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