Ciento cincuenta años después de su
creación, el cuadro “El origen del mundo” de Courbet, se impone. El espíritu
insurrecto de su autor triunfa sobre la hipocresía de Mark Zuckerberg. Febrero
de 2016 será recordado, también, porque una corte francesa dictaminó que Facebook
puede ser demandada en Francia. El fallo es parte de un juicio promovido en
2011, por un usuario francés cuya cuenta fue eliminada por publicar una foto de
la pintura expuesta en el Museo de Orsay de París.
Claro que no se trata de cualquier
lienzo: es la máxima pintura realista de un tronco femenino desnudo con énfasis
en la vulva. Un cuadro que la mayor parte de su existencia -1866- permaneció en
las sombras. Su exhibición pública apenas data de 1995. Más de cien años
admirado en la clandestinidad por sus poseedores. Coincide con eso que narra
Mithu M. Sanyal en su magnífico libro “Vulva. La revelación del sexo
invisible”, sobre la historia cultural de un término: Alrededor del penúltimo
final del siglo, los términos “vulva”, “clítoris” y “labios vaginales” no
aparecían en el diccionario, del mismo modo que hasta hoy la única palabra que
indica el diccionario Webster para los genitales feneninos es “vagina”. Mark
Zuckerberg, al parecer es lo que prevalece de esa corriente negadora de la
sexualidad como el eje de la vida humana. Con la arrogancia para decidir qué
comparten o no las personas en el mundo. Hasta ahora, con la seguridad que sólo
podía ser juzgado en cortes americanas. Por eso, es tan trascendente la
determinación de las autoridades francesas de proceder para proteger los
derechos de un ciudadano francés. Inmejorable noticia porque la censura
insensata de Facebook es algo cotidiano. El pasado 5 de febrero, eliminó un cuadro
subido por el Museo de Arte de Philadelphia, de EvelyneAxell, pop art de
1964, porque le pareció que el helado que consume la mujer del lienzo tiene
semejanza fálica y era “demasiado sugerente”. Desde luego, el Museo promovió el
debate sobre esta absurda decisión tiránica de la red social.
Zuckerberg y compañía necesitan muchas
lecciones como las de las autoridades francesas. Sobre todo porque sus sensores
no son capaces de distinguir por lo menos entre fotografía y pintura. Mucho
menos esperar un discernimiento sobre fotografía artística. No se requiere
mayor observación para entender que los casos hoy comentados son obra plástica.
Recuérdese que, en septiembre de 2015 (Revista 10. Número 298), se comentó en
este espacio la censura a una sombra femenina en el piso.
Los censores de Facebook también
requieren con urgencia un mínimo de acercamiento al arte, para aprender a
respetar a autores como Courbet. Ése de quien Gilles Néret, escribe en “El
erotismo en el arte”: “Courbet es una fuerza de la naturaleza, un hombre de la
naturaleza libre. Y sus mujeres son conscientes de ello. Con su cuadro “El
origen del mundo”, con ese cuerpo, ese sexo, bello “como un cuerpo desnudo de
Correggio”, Courbet va mucho más lejos. No solamente por ser el primer pintor
que convierte el sexo de la mujer en tema central de un cuadro, sino también
porque lo equipara a la naturaleza: la gruta silvestre en un bosque exuberante
es realmente “el origen del mundo”. Ese eminente lugar entre los muslos, del
que ignoramos si pertenece a a una duquesa o a unamondonga, nos conduce desde
la mujer hasta la historia de la creación, del cuerpo desnudo al santificado,
nos lleva a través del más íntimo camino del deseo amoroso. Courbet fue el
primero en utilizar la expresión “obra de arte viviente. A artistas como
Courbet, Rodin, Modigliani, Picasso o Brancusi, vehementes defensores del sexo
y poseedores de la llave mágica que abre todas las puertas, debemos que el arte
moderno se haya desembarazado de los tabús, que el triángulo mágico vuelva a
estar hendido, que el vello vuelva a crecer en el pubis de las estatuas”.
Alguien debía platicárselo a Mark Zuckerberg.
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