LAURA
EMBRIZ
¿Maestro Óscar Wong, cuantos años de trayectoria lleva y
como se siente respecto a esto?
_ Llevo un poco más de 40 años. Me inicié publicando poemas en "El Gallo
Ilustrado", suplemento culturaldel periódico El día, que dirigía
Enrique Ramírez y Ramírez. Unos 15 días después fui al periódico "El
Nacional" a buscar al poeta español Juan Rejano, quien dirigía el
suplemento cultural "Revista mexicana de cultura". Me publicó media
plana de poemas. Compartí el espacio con René Avilés Fabila, quien había
obtenido una mención en el Premio Casa de las Américas. Rejano me solicitó
poemas para una plana completa. Cuando lo hizo todos voltearon a verme, porque
no era habitual. Así conocí a grandes amigos: Juan Cervera, Humberto Musachio,
Xorge del Campo, al maestro Magaña Esquivel, etc. Después me seguí en la
sección de cultura del mismo diario. Pero mi primer libro, "Eso que
llamamos poesía", apareció con el pie editorial de la Casa de la Cultura
de Toluca, el 4 de octubre de 1974. Esa es la fecha oficial que anoto siempre.
Por eso el domingo 15 de marzo de este año me festejaron en la sala Manuel M.
Ponce del Palacio de Bellas Artes. Fue impresionante para mí: hubo lleno,
expresiones muy cálidas de escritores y amigos.
¿Sus obras favoritas y cuál fue la inspiración en cada una de ellas?
_ La obra que me agrada es "Razones de la voz", que triunfó en el Premio de
Poesía de Ciudad del Carmen, en el 2000, pero lo editó Conaculta en su
colección Práctica Mortal (2002), fueron dos mil ejemplares que se agotaron en
menos de un año. El libro trae un poema muy celebrado, "Piedra que
germina", que se impuso en los Juegos Florales Anita Pompa de Trujillo de
Hermosillo, Sonora,. En cuanto a ensayo, me complace "Poética de lo
sagrado. El lenguaje de Adán" (2006). Esta obra tiene un origen muy
curioso: concluí un libro sobre poética, pero tuve que marchar a Chiapas, para
apoyar a un amigo y dejé el disco en el DF; estuve casi un año fuera, cuando
volví el archivo se había perdido. No tuve el cuidado de hacer una impresión.
Intenté reescribirlo, pero surgió mi preocupación por los mitos en relación con
la poesía. Por eso lo titulé "Poética de lo sagrado. El lenguaje de
Adán". El otro libro, "Altazor. Alquimia y revelación", fue
editado por Fontamara en el 2014, para festejar mis ocho lustros de
trayectoria. Dicen que es importante porque abordo con nueva óptica la obra
cumbre de Vicente Huidobro.
¿Cómo es la vida de Óscar Wong después de los reconocimientos literarios,
realizados en Bellas Artes?
_ Pues aún no me la creo. Conozco a diversos personajes que logran
algún estímulo insignificante y empiezan a levitar. En mi caso, he obtenido
muchos premios pequeños, pero no los agrego a mi ficha curricular. Los más
importantes, sí. No me preocupo de los galardones porque eso lo aprendí del
periodismo. En el 84, luego de volver de la Subsecretaría de Cultura y
Recreación, de la cual fui titular, me reincorporé a la sección de cultura del
periódico "El Nacional". Hubo un evento en Bellas Artes, con Octavio
Paz, Fuentes y otros. El presidente Miguel de la Madrid estuvo presente. Como
reportero debía volver al periódico a escribir la nota, pese a que estaban los
de la fuente y otro más que haría la nota de color. Al salir del recinto me
encuentro con el Presidente, me aproximo y acciono la grabadora. Le hice tres
preguntas a las cuales me contestó: sí, no, sí. Llegué a la redacción e inicié
la nota con las respuestas. Al otro día estaba en primera plana. Era la noticia
principal. Y ningún periódico traía esa información. Me llamaron a la reunión
que hacían los editores con el director. Después de las felicitaciones y de
narrar cómo había obtenido la entrevista con el Presidente, el jefe de
redacción, Castilleja, me dijo: "Muy bien, Wong por esa nota. Gánatela
mañana". Y ese "gánatela mañana" me ha servido cuando consigo
algún premio. Después de disfrutarlo, sigo adelante, para obtener otro, como
buen el diarista que fui.
¿Chiapas es su origen, pero el Distrito Federal ha significado un parte aguas
para la vida literaria de usted me imagino?
_ En mi pueblo no había más que una escuela secundaria. Así que todos salíamos
a continuar los estudios. Oaxaca, Puebla o el Distrito Federal eran los
espacios a conquistar. Salí a los 13 años y prácticamente no he vuelto a
asentarme en Tonalá. Cuando fui subsecretario radique en Tuxtla. Pero el DF
representa mi origen literario. Desde ahí escribía para "El sol de
Tonalá", un semanario ya desaparecido. Fue muy importante para mí.
Publicaba notas breves, relatos, y algo que parecían poemas. En 1969 ofrecí mi
primer recital. Y entonces descubrí la enorme responsabilidad que tiene el
escritor con el público. Por fortuna nunca fui a talleres literarios. No me
echaron a perder. Y la primera vez que me llamaron a impartir uno, en el Museo
del Chopo de la UNAM, tuve que elaborar una metodología: explicar el ritmo, las
imágenes y la capacidad estética del lenguaje. Todo ello lo recojo en "El
secreto del verso", un manual para la enseñanza-aprendizaje en los
talleres de creación poética. Cuando fui becario del Centro Mexicano de
Escritores, de tan grata memoria para la mayoría de los escritores mexicanos
(ahí estuvo Carlos Fuentes, Juan Rulfo, Sabines, Montemayor y un largo
etcétera), asimilé otra enorme enseñanza: aprendí la disciplina, el trabajo y
la gran responsabilidad que conlleva el oficio de escritor: sé, junto con
Robert Graves, esa tríada irlandesa del siglo XIII: "Es mortal mofarse de
un poeta, amar a un poeta, ser un poeta".
¿Cómo se siente por el apoyo que ha recibido de la comunidad cultural para ser
seleccionado en el Premio Chiapas edición 2015?
_ Estoy muy agradecido y asombrado. Es agradable saber que a muchos les
interesa, y respetan, mi trabajo. Y que tengo amigos. También lo atribuyo a que
soy de la costa. Hay escasa oferta cultural en esta región. Desde Arriaga y
Tonalá, hasta la zona fronteriza, se carece de talleres de creación y las casas
de cultura también necesitan de mayor apoyo. Tonalá, por ejemplo, no cuenta con
un recinto, con un auditorio adecuado para presentaciones y conferencias. En lo
personal me interesa estar presente en la región, brindar mi experiencia. Por
eso agradezco profundamente a las Instituciones que me postularon para el
Premio Chiapas en Artes 2015, especialmente al Ateneo de Ciencias y Artes de
Chiapas, a la Corresponsalía de Arriaga de este mismo organismo, al H.
Ayuntamiento Municipal Constitucional de Tonalá, Chiapas (2015-2018) y a la
Casa de la Cultura. No debo olvidar al Centro de Investigaciones Costeras del
Instituto de Ciencias Biológicas, de la UNICACH; a la Escuela de Ciencias
Administrativas Istmo-Costa, Campus Tonalá, de la UNACH; a la Escuela Preparatoria
Tonalá, de la SEP Chiapas y al Centro de Bachillerato Tecnológico Industrial y
de Servicios No. 170. Además al grupo Voces Ciudadanas de Tonalá y a la
Editorial Praxis y a la Editorial Morgana, de México, D. F., así como al Centro
Cultural La Carmelita, de México, DF. Y a Avadra Corporation, también del DF:
¿Óscar Wong seguirá creando poesía hasta el final de sus días?
_ Por supuesto. Ahora tengo dos poemarios inéditos y algunos poemas en vías de
conformar un libro. Después de todo la Poesía nos permite evocar, y consagrar,
aquellas fases de nuestra experiencia que están en riesgo de ser olvidadas;
esta vitalidad tiene un sentido capital, puesto que descubre nuestro caudal
recóndito, nuestros sueños más profundos, esas creaciones ideales cuya configuración
fónica nos permite continuar en este plano material. Aunque la palabra tiene un
sentido oracular, también representa un enigma que debe ser develado.
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