Estoy triste, solo e indefenso, no hay salida
en este laberinto que construí con mi nihilismo y mi revolución de closet.
¿Acaso soy un gótico light, un lechazo póstumo de Edgar Allan Poe? Elmo
cosquillas no tiene respuesta para mi existencialismo oscuro posmoderno, así
que mi sueño sigue siendo morir y pasar al club de los 27 con el Gallito
Elizalde. No creo en dios ni en los santos, tampoco en las instituciones y
mucho menos en mí, pero el Dr. César Lozano insiste en que soy lo más chingón y
maravilloso que existe en el puto universo, aunque la parte instituyente diga
que soy una mierda cuyo futuro es irse de mojado al gabacho. En un libro
aprendí que si cierro los ojos y me concentro en mis sueños, estos se
materializarán. ¡Que viva la ley de atracción! ¿Saben por qué? Me regaló el
armaño más hermoso y coqueto que se puedan imaginar. ¿Se les antoja? Mi último
chisguete de autoestima se lo tragó la tele y un viejito parecía que se dirigía
especialmente a mí con sus letanías en el noticiario nocturno: déjeme decirle,
déjeme informarle, si usted me lo permite, que usted está jodido porque quiere,
que es un pendejo en todo el sentido de la palabra, mucho más que el de las
botas de charol. No quiero salir a la calle, los cacos me traen de encargo, mi
dealer me está cobrando intereses, debo tres meses de renta y por más que
quiero no le llego ni a los talones a don Ramón, con qué trabajos llego a
tortas de jamón y mi jefe me hizo renunciar como un reconocimiento a mi
eficiencia laboral. Sus palabras de consuelo son inolvidables: vete a chingar a
tu madre vendiendo Avón o Fuller. Intento demostrar a esta sociedad que soy
próspero presumiendo mi cartera engalanada con boletos del Metrobús y mi credencial
del IFE en la que aparezco con cara de muerto de hambre, come cuando hay,
rascabuche, limosnero con garrote, perdedor, conformista, burrito de rancho y
como no va a ser, si estoy con la playera del Cruz Azul: losser forever. No me
queda de otra en este sagrado instante que meterme en la tina y agarrar la
navajita Gillette. Espero que al menos mi equipo me rinda un minuto de aplausos
cuando juegue otra gran final. Un vientecillo acaricia mi rostro, cierro los
ojos y lloro sin saber por qué.
-¿Qué
tienes mi tierno tlacuache totonaca? ¿Por qué chingados estás triste,
lloroncito de mierda?
Una
esencia parecida a la mirra impregnó el baño y matizó el olor de las
hamburguesas que acababa de mandar al drenaje capitalino.
-Ya
pues, dime qué te pasa pedazo de pendejo, que la vida es corta y tienes que
disfrutarla.
-No
merezco mirarte, madre mía…
-¡Pero
que pinche cursi y agachón eres hijo de la chingada! ¿Acaso no ves que soy tu
madre? Si te vas a cortar con esa madre, hazlo ya y si no escúchame con
atención maldito perdedor.
-Dime
madre del cielo…
-¡Madre
del cielo mis bolas, cabrón! ¡Escúchame como los meros machos de los Altos de
Jalisco!
Siempre
creí que ese vientecillo era producto de los efectos especiales de la post
producción televisiva, pero era muy real. Mi corazón volvió a creer y mis
lágrimas bañaron las mejillas de lo que quedaba del ser más bulleado del
universo junto con C3P0.
-Ni
niño hermoso, quiero decirte que en estos tiempos de crisis económica, de la
pérdida paulatina del poder adquisitivo y de una violencia sin límites, tienes
que hacer lo posible para que tu grandeza ayude a construir un mejor proyecto
de nación. Tú eres parte del sistema y tienes que asumir tu rol con entereza y
valor ciudadano.
¡No
podía creerlo, la mismísima morenita hablando de política al más alto nivel!
-No
te achicopales en este marco de inseguridad provocado por la guerra que el
gobierno está perdiendo de fea manera ante el crimen organizado, saca tu fe,
tus ganas y tu esencia chilanga adolorida. Sé que no creías en dios y mucho
menos en tus representantes populares, pero tienes que volver a creer pinche
putito, por bien tuyo y de la sociedad entera.
-¿Cómo
puedo empezar?
-Un
buen ejercicio es entregar tu alma y tu corazón al Piojo Herrera y pide con
todas tus fuerzas para que en el próximo mundial lleguen al quinto partido y
millones de tlacuaches perdedores como tú eleven su confianza, autoestima,
alegría y espíritu emprendedor. Así lo marca el Salmo de la Meritocracia del
Siglo XXI. Si logras esto, los asuntos políticos y económicos serán pan comido.
-Gracias
por tus palabras, morenita divina.
-¡Qué
gracias ni que la chingada, mínimo tienes que depositar quinientos varos en la
Catedral pa que don Norberto vaya a jugar golf con sus amigos triunfadores!
-¿Qué
es ser triunfador?
-Es
tener carros del año, casotas de 86 millones de pesos, guardaespaldas, amiguitas
con depa en Polanco, Las Lomas y finos conexos. Tampoco te excedas imaginando
todo esto porque jamás estará a tu alcance. Dios quiere que algunos tengan más
que otros.
-¡Gracias
madre mía por tu consuelo!
¡Ah
y no te dejes engañar por los rollos de los izquierdosos que acusan sin razón
de pederastas y lava dólares a nuestros humildes sacerdotes! Repite conmigo
esta oración, macaco insignificante:
El diablo no es del PRI
Diosito no es del PAN
los grilleros del PRD
en el infierno arderán
Mi
ser encontró la paz espiritual y me vi bailando en el cielo tomado de la mano
con el Yisus y varios querubines querendones con nalguitas generosas.
-Ya
me voy, pendejito. No olvides rendirme culto de lunes a viernes en el altar
electrónico que tienes en la sala. No seas tan perdedor y cómprate uno de 80 pulgadas
de pantalla plana, así podrás verme mejor y te pido por tu chingada madre que
tires esa porquería de bulbos.
-Propagaré
tu palabra y adquiriré en paguitos tu nuevo altar.
-Hazlo,
porque gracias a la tele millones de mapaches creen que pueden recuperar su
trabajo, encontrar el amor, ganarse la lotería, pagar hipotecas, curarse de cualquier
enfermedad, librarse de jefes insoportables, superar traumas de la niñez y
hasta casarse con una actriz.
-Mi
labor a partir de ahora será llevar tu voz a millones de perdedores.
-No
eres tan pendejo, podrías ser productor de televisión como esos babosos que
hacen inmigración de Miami a Aztlán para vivir su sueño mexicano. No olvides
que no se trata simplemente de sublimar el milagro o una presentación pueril de
la felicidad, sino contextualizar las historias con la idiosincrasia de
millones de tlacuaches. Para eso sirve el rating, idiota. Tampoco te vayas a
sentir el superhombre de Nietzsche y empoderes a los perdedores, ¿eh? Como
muestra de mi amor sin límites te dejo otro pedito.
Mi
rostro fue acariciado por el vientecillo más sublime de este mundo.
En
un par de minutos mi vida cambió y en lugar de aparecer en la portada de un
respetable diario de nota roja, estaba ajustándome el nudo de la corbata para
llevar mi currículum a una televisora con el único fin de hacer de este medio
un espacio divinizado en el que los problemas se solucionan por la intervención
de un agente milagroso superchingón. ¡5,4,3,2, milagrito a escena!
Si
la mercadotecnia hace que cualquier chingadera tenga valor como las baladas de
Arjona, en la televisión la fe también lo tiene y no es difícil aprovechar audiovisualmente
las carencias de los desposeídos y vincularlas con las cualidades de los santos
y las santas (aparte de creyente me volví feminista). ¡Mírenme, tacuaches, ahora
soy una mezcla de folklorismo, nacionalismo y fe!
Gracias
virgencita por dejar claro que la relación entre milagro y mercancía se determina
con producciones no muy elaboradas que siempre terminan con un airecillo en el
rostro. ¡Gracias virgencita por enseñarme que la fe está por encima de la
inteligencia y la voluntad! ¡Me saqué la lotería sin comprarme boleto!
Comentarios
Publicar un comentario