Publicado el 20/03/14 en: @entiemporealmx
@Enlamirachiapas
@accesochiapas
@fcofelixd
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Pocas son las películas animadas que consiguen atrapar a
niños y adultos a la vez, y sin duda alguna, “La gran aventura de Lego” es una
de ellas. Te diviertes, aprendes, y hasta filosofas con el sistema político
nada alejado de la realidad que nos encontramos en el filme, en donde todos
somos nadie pero todos tenemos la oportunidad de ser especiales.
La historia es trillada como cualquier película
hollywoodense: Un hombre común llamado Emmet es confundido como el
"Especial", (Por qué será que vino a mi mente Matrix), el único
que puede salvar el universo, esto con la ayuda del viejo místico Vitruvius,
una joven muy ruda llamada Lucy y Batman. Emmet deberá luchar para
derrotar al malvado tirano Lord Business que está empeñado en destruir el
mundo que habitan.
Así en un universo de personajes muy populares y por
conocer, nos reiremos a lo largo de toda la trama llena de parodias de
películas ya por demás conocidas, pero si nos detenemos a ver el trasfondo, nos
encontraremos con un sistema político que se vive en muchos países del mundo,
en donde el fascismo pareciera que hubiera cobrado vida de nuevo.
Lo anterior porque resulta que en el mundo Lego, gobernado
por Lord Business (Nombre que no deja mucho a la interpretación), existe un
poder autoritario sin libertades individuales o colectivas, en donde todos ya
saben lo que tienen que hacer rutinariamente, y patrióticamente gustosos; pero
hay un pequeño sector de oposición, que conforman los que podrían ser una
oligarquía intelectual, llamados “los constructores”.
“Los constructores”, son personajes rebeldes y selectos,
capaces de crear mundos alternos. Solo para darnos una idea de lo que llamo la
oligarquía intelectual mencionaré a algunos: Batman, Superman, Han Solo,
Abraham Lincoln, William Shakespeare, Shaquille O'Neal, un Astrounata y así
continua la lista; este grupo selecto que no confía en la gran masa social de
su mundo, tendrá que realizar un acto de fe con Emmet quien pertenece a esa
sociedad, la que no piensa, y se le dan las ideas digeridas, y de antemano
aceptadas de Lord Business.
Así es como Emmet demuestra que no importa de dónde
vengamos, todos podemos ser alguien si confiamos en nosotros mismos, y que para
cambiar al mundo primero tenemos que cambiar nosotros individualmente.
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