Doña Margot, mujer casta
entregada al habito de la oración y las obras pías, era la dueña de la vecindad
"divino niño". A fin de evitar las vánales tentaciones de la
fornicación la dueña había decidido rentar única y exclusivamente a señoritas
estudiantes. Un día mientras tejía un suéter y rezaba el avemaría alcanzo a
observar que dos jovencitas se internaban juntas en la comodidad del baño,
inmediatamente la anciana de 62 años se levanto de su asiento como alma que
lleva el diablo ante aquel sacrílego acto que profanaba su casa.
Cuando estuvo justo enfrente de la puerta, los pujidos eran de tal magnitud que lejos de sorprender a las pecadoras, se asomo con morbo por una de las rendijas; adentro una de la damitas utilizaba tremendo consolador para satisfacer las ansias de su compañera, quien se retorcía y retozaba de placer, casi de inmediato Doña Margot sintió un añejo calor que otrora había sentido en sus años mozos: húmedo, palpitante y delicioso... Un par de dedos coloco en su entrepierna y se entrego al exquisito manjar de recorrerse sola ella: En silencio un extraño orgasmo le inundo el cuerpo, y desapareció de la escena con la misma pasividad de un lobo satisfecho.
Doña Margot se ha convertido una voyeur profesional, en cada cuarto ha instalado cámaras, y todo tipo de artilugios para sus pequeños vicios saciar, eso si, no ha abandonado su manía por rezar, solo que ahora en vez de bordados dedica uno que otro retorcido ruido a la gloria de su divino padre celestial.
Cuando estuvo justo enfrente de la puerta, los pujidos eran de tal magnitud que lejos de sorprender a las pecadoras, se asomo con morbo por una de las rendijas; adentro una de la damitas utilizaba tremendo consolador para satisfacer las ansias de su compañera, quien se retorcía y retozaba de placer, casi de inmediato Doña Margot sintió un añejo calor que otrora había sentido en sus años mozos: húmedo, palpitante y delicioso... Un par de dedos coloco en su entrepierna y se entrego al exquisito manjar de recorrerse sola ella: En silencio un extraño orgasmo le inundo el cuerpo, y desapareció de la escena con la misma pasividad de un lobo satisfecho.
Doña Margot se ha convertido una voyeur profesional, en cada cuarto ha instalado cámaras, y todo tipo de artilugios para sus pequeños vicios saciar, eso si, no ha abandonado su manía por rezar, solo que ahora en vez de bordados dedica uno que otro retorcido ruido a la gloria de su divino padre celestial.
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