... Y entonces, coléricos, nos
desposeyeron, nos arrebataron lo que habíamos atesorado: la palabra, que es el
arca de la memoria.
Debe ser tan bonito estar siempre
como los balcones, desocupado y distraído, solo mirando.
Es malo querer a los que mandan,
a los que poseen. Así dice la ley.
Él iba adelante bello y poderoso,
con su nombre que significa ansia de morir.
El aire amanece limpio, recién
pronunciado por la boca de Dios.
La lealtad es valiosa hoy,
comparándola con la traición de los otros.
Y me quedo aquí, con los ojos
bajos porque (la nana me lo ha dicho) es así como el respeto mira a lo que es
grande.
Ningún rico puede entrar al cielo
si un pobre no lo lleva de la mano.
El miedo agranda las cosas.
Anoche se oyó el tintineo de unas
espuelas de plata contra las piedras de la calle. Era el Sombrerón, el espanto
que anda por los campos y los pueblos dejando sobre la cabeza de los animales
su seña de mal agüero.
El conocimiento de la grandeza
del mundo no disminuía el sentido de su propia importancia.
La necesidad no te deja escoger.
El indio siempre veía en la mujer
la virtud que le había gustado al patrón. Y los hijos eran de los que se
apegaban a la casa grande y de los que servían con fidelidad.
En Tapachula me dieron a leer el
papel que habla. Y entendí lo que dice: que nosotros somos iguales a los
blancos.
Los blancos tienen así a su Dios,
clavados de pies y manos para impedir que su cólera se desencadene.
Agrado quita camisa, dicen las
personas prudentes.
A la brujería le es necesario el
misterio.
Los recuerdos siempre
duelen.

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